La escuela de Austria contrastada-1

0. Notas introductorias para que el que entre de primeras, se haga una idea.

Bueno, pues tras haber estado varios días ausente de mi casa y alejado de internet, voy a continuar con la crítica y análisis de la escuela económica de Austria o “escuela austríaca”, en vista de que cada vez más personas escriben en los comentarios “adelantándose” a las cosillas que iba a escribir sobre ésta, y porque es de lo que más me pedís que hable en mi calidad de economista. Y a todos los impacientes hijos de perra que me exigen en comentarios anónimos que les conteste (porque son tan tontos que no se han leído en las advertencias del menú lateral que los anónimos quedan filtrados por defecto) y se extrañan de por qué no les contesto en cuatro días (si fueran inteligentes podrían haber notado que no he escrito nada en varios días), diciendo que es porque “Chema es un cobarde y no se atreve a contestarme porque mi comentario es irrefutable y le he ganado ja, ja, ja”… se van a esperar un ratito más a que publique este artículo que estoy escribiendo. Después os apalizo. Advertencia: voy a ser muy, muy, pero que muy salvaje en esas contestaciones, así que niños: no os las leáis sin tener a un adulto con vosotros presente y un diccionario cerca.

1) ESTO que estáis leyendo, es decir, este artículo, es un esquema de trabajo y en él doy un resumen, una visión general sobre la escuela de Austria en un lenguaje más sencillo y divertido que el típico que utilizaría en mi universidad para que me entienda cualquiera que no tenga mucha idea de Economía… y así evitar lo que me ha sucedido en numerosas ocasiones: como yo me ponga a hablar de primeras de derivadas, modelización, ecuaciones y estadística, todo el que entre aquí va a salir huyendo porque si hay algo cierto es que la mayoría de la gente le tiene pánico a las Matemáticas.

Falacias económicas (III): la importancia del lenguaje matemático en la formulación científica económica. La paradoja de Aquiles y la tortuga, y La escuela de Austria contrastada: pseudociencia en Economía (III): La falsedad de la teoría del ciclo económico (o de crédito) de la escuela de Austria. Por qué la escuela de Austria no utiliza Matemáticas.

La escuela de Austria contrastada: pseudociencia en Economía (IV). La utilidad marginal en la obra de Carl Menger. De dónde proceden el desprecio al método científico y la metodología de la escuela austríaca.

La escuela de Austria contrastada: pseudociencia… ¡en Psicología! (V) ¿Es cierto el “meme internetero” que dice que Friedrich Hayek descubrió la Psicología cognitiva y/o el conexionismo? ¿Es cierta la alabanza del psicólogo Steven Pinker hacia Hayek? Los peligros de la “falacia de autoridad”.

Son (como todos mis artículos), muy largos y muy densos, aunque intento emplear un estilo llano para que me pueda entender la gente “de la calle” ya que, a fin de cuentas, son artículos de divulgación. Leéoslos en varios días si hace falta. Avisados estáis.

2) Aquí y ahora, voy a exponer una serie de líneas generales acerca de cómo vamos a ver la crítica a la escuela austríaca; qué temas vamos a tratar; cuáles autores vamos a estudiar, de qué va todo esto, etc.

3) Os lo vuelvo a recordar y a hacer más visible, porque observo que la mayoría de vosotros entra aquí mediante un buscador como Google, directamente, y empezáis a leer el texto principal a lo loco, deprisa, y no sabéis ni leer una página web (ni navegar correctamente dentro de una página web). En el menú lateral (que ya deberías haber visto si sabéis leer en espiral en vez de mediante punto focal central) disponéis de información adicional:

4) La escuela de Austria es una escuela de pensamiento economicista

http://www.econlib.org/library/Enc/AustrianSchoolofEconomics.html

…una de las dos escuelas de pensamiento principal sobre la que se sustentan las ideas y postulados del neoliberalismo. O, más concretamente, del resurgir del liberalismo económico (de ahí, “neo-liberalismo”) de la segunda mitad del siglo XX (y principios del XXI).

http://www.thecornerhouse.org.uk/item.shtml?x=51960

Recordemos que a los partidarios del neoliberalismo, no les gusta que se les llame “neoliberales”, porque lo consideran peyorativo.

Que se jodan. El término ha quedado más que incrustado en la terminología académica y de uso común como para no utilizarlo… y con motivos de peso. De hecho, ya hablamos en este artículo sobre lo que constituye el término… y en este otro, de los distintos nombres y acepciones que recibe el neoliberalismo.

Por si caso alguien NO se quiere dar por aludido, aviso y especifico que cuando me refiera a “neoliberal” o “neoliberalismo” en mis artículos, me estoy refiriendo a todos los partidarios (contemporáneos) del liberalismo económico: ancaps (anarcocapitalistas), monetaristas, partidarios y fanáticos del libre mercado, fundamentalistas de la libre empresa, liberales minarquistas , etc., etc., etc. Vosotros sabéis quiénes sois. Y yo también. Así que vamos a dejarnos de tonterías, y vamos a llamar las cosas por su nombre… “neoliberales”. De hecho, el término “neoliberalismo”, nace en los escritos de Ludwig von Mises, una de las principales figuras de la escuela austríaca, el cual ya en 1922 y en 1927 hablaba de “neoliberalism” (en lengua inglesa) y “Neue Liberalismus” (en alemán), en su obra Liberalismus.

Bueno, lo dicho. Existen dos escuelas de pensamiento economicista que constituyen el corpus académico principal del neoliberalismo:

-La escuela de Chicago (de ésta ya hablaremos en mi serie de artículos “el neoliberalismo contrastado”).

-La escuela de Austria.

Aquí vamos a hablar de la última, que es la versión más radical del liberalismo económico.

¿Por qué?

Porque es absurda y esperpéntica, y muchos de sus postulados (la mayoría) son, directamente, falsos.

No erróneos, no… falsos. Porque aunque se han demostrado erróneos, sus partidarios se siguen empeñando en aplicarlos y, por tanto, ya no se les puede calificar “sólo” de erróneos.

Así de claro.

Y quiero denunciar ese hecho, y dároslo a conocer y entender de manera clara y fácil… porque hay mucha gente que no lo sabe y creen que los postulados de la escuela austríaca (y, por ende, de parte del neoliberalismo) son “serios” y/o científicos. Nada más lejos de la realidad.

Si habéis tenido a bien el seguir mis artículos en este blog o en el de mi mujer (muchas gracias), habréis notado que la temática principal de ambos es la de contrastar y desmontar absurdos (“el dinero es deuda”), falsas teorías de la conspiración (“conspiranoias”, como las del derribo de las torres en los atentados del 11-S), esperpentos y magufos (David Icke), fraudes (Jordan Maxwell, Acharya S, Lyndon LaRouche), manipulaciones (como las típicas del periodismo político), mentiras (las conexiones ultraderechistas del supuestamente “contestatario” pseudodocumental Zeitgeist: the Movie), sofismas (la teoría de la catástrofe malthusiana), falsas creencias (la religión, los poderes de los zahoríes) y tonterías en general.

Aquí y hoy, vamos a continuar con oooootra serie de artículos sobre la pseudociencia, la mentira, y el absurdo. En esta ocasión, centrándonos en una parte del (neo)liberalismo, muy conocida (a nivel académico) por su cualidad de “absurda” y de esperpento pseudocientífico: la escuela de Austria. [Nota: este artículo es muy, muy largo: insisto en que os lo leáis entero (como todo lo que escribo), pero que sepáis que disponéis de un resumen humorístico al final.]

Mucha gente, incluso los mismísimos detractores del neoliberalismo, creen o así lo tienen asimilado, que el neoliberalismo es una doctrina económica en exceso pragmática (o práctica), inflexible en su ánimo de obtener la máxima productividad y beneficio, obsesionada con la eficiencia organizativa, lógica hasta la frialdad, en extremo calculadora y propia de gente que no dudaría en echar a la calle a sus empleados o vendería a su abuela si con eso obtuviera el más mínimo beneficio.

Pues lo cierto es que algunas de esas ideas (en especial lo referente al pragmatismo y lo excesivamente lógica que parece ser) son absolutamente falsas, y forman parte de lo que Galbraith denominaba “conventional wisdom (sabiduría convencional) que hay que desmentir”. Porque no son ciertas.

Si algo caracteriza al neoliberalismo, especialmente a su variante más radical (la escuela de Austria)… es lo absurdas y falsas que son muchísimas de sus ideas base, y la ineficiencia de una gran, gran cantidad de postulados y propuestas que realiza (por no decir que la mayoría son auténticas gilipolleces). Pero eso no es del dominio o conocimiento público. Y por eso titulo esta serie de artículos como “pseudociencia (falsa ciencia) en Economía”.

Por decirlo más claramente, el neoliberalismo es una doctrina (o corriente de pensamiento economicista) bastante más “ideológica” que empírica o racionalista. Es decir, que muchísimas veces antepone sus ideas, creencias e intereses (los de los grupos que lo promueven: ricos, empresarios, grandes corporaciones, etc.) a la realidad.

En el caso de la variante más radical del neoliberalismo, esto es, la escuela de Austria, ese “anteponer las creencias, ideología e intereses a la realidad” llega a niveles absolutamente esperpénticos.

Y mucha gente no sabe eso. Obviamente, eso es conocidísimo a nivel académico, como ya dije en mi artículo introductorio, y está más que estudiado, debatido y analizado en el mundo de la Economía. Pero esa crítica y conclusión general académica no se ha trasladado muy eficientemente a nivel popular (siempre en castellano, se entiende). Por lo menos ésa es mi percepción y la del entorno que me rodea.

Mucho ojo, que cuando me refiero a “la conclusión general académica”, me estoy refiriendo a un hecho bastante desacostumbrado en el mundo de la Economía, y es la unanimidad de TODAS las demás corrientes y escuelas académicas, que coinciden en algo con respecto a la escuela austríaca: que se sale de madre, padre y muy señor mío. Hasta el punto… atentos, ¿eh?… que hasta la mayoría de los neoliberales (con Milton Friedman a la cabeza) se quedan blancos como la cal con las teorías, ideas, planteamientos y “propuestas” de los “austríacos”. Fijaos si tienen que ser radicales y estar al margen de la corriente principal (mainstream) de pensamiento. Y no es para menos. De verdad os juro por mi madre y mi mujer, que son lo que más quiero en la vida, que esta gente no es normal.

La escuela de Austria es el hazmerreír (la oveja negra) de la profesión de economista.

Es pseudociencia economicista. En realidad, más que “pseudociencia”, debería haber empleado el término “anti-ciencia”, ya que la escuela austríaca reniega del método científico… pero he preferido el término “pseudociencia” porque, si bien los autores principales de esta escuela no ocultan su odio y desprecio al método científico, me he encontrado con que muchos (la mayoría) de sus ignorantes defensores o seguidores en internet creen que su corriente es tan científica o más que las demás. Y eso es rotundamente falso.

Por establecer un símil que todos podáis entender, la escuela austríaca es al estudio de la Economía, lo que la homeopatía es al estudio de la Medicina.

Y ése es el ooootro de los motivos principales por los que quiero analizar y criticar la escuela de Austria: debido a sus planteamientos y falta de rigor científico, esta escuela constituye la base sobre la que se apoyan o en la que se inspiran muchos partidarios de las teorías de la conspiración.

Especialmente, de las teorías de la conspiración de índole “económica”, claro. Y supongo que ya sabréis todos que el desmantelamiento y apalizamiento de esas teorías de la conspiración sin pruebas o con pruebas falsas detrás (“conspiranoias”)… es otro de los temas principales de este blog.

Bueno, que me “enrollo”. Empecemos.

1. Esquema de trabajo.

En en esos artículos de la serie la escuela austríaca contrastada vamos a seguir un esquema de trabajo conforme a una serie de líneas, que paso a detallar.

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1) Si bien la escuela de Austria es la versión radical del neoliberalismo… se subdivide (a grandes rasgos) en dos subcorrientes. Una, un poco más seria (un p-o-c-o nada más), centrada en torno a Friedrich Hayek, y otra que directamente no hay por dónde cogerla, que es la que se centra en torno a Ludwig von Mises y a Murray Rothbard.

Esos son los autores de la escuela de Austria que más vamos a estudiar, si bien haré las referencias oportunas, aludiendo a la “obra” de… “autores” como Menger, Schumpeter o von Böhm-Bawerk (di el nombre rápido sin atragantarte si puedes). Vamos a hablar de las dos subcorrientes, sus diferencias (muy pocas) y similitudes.

2) Al principio de mi crítica, voy a intentar seguir un orden de análisis de la escuela austríaca basándome en el trabajo desarrollado por el economista Bryan Caplan.

http://economics.gmu.edu/people/details/bcaplan

http://econfaculty.gmu.edu/bcaplan/

¿Por qué este autor y no otro? Porque, aparte de que hace una crítica muy buena, muy actualizada y bastante detallada sobre la escuela de Austria, su imparcialidad está fuera de toda duda, ya que…

…es un libertariano.

Sí, este señor es un “libertariano” (o libertario) que se tomó la molestia de estudiar Economía por la universidad… y cuando terminó, llegó a una serie de conclusiones nada, nada favorables a su antigua fe en esta “escuela” identificada con el libertarianismo, que considera en exceso “radical” y pseudocientífica. Llegó a renegar públicamente de ella, y se decidió a escribir bastante y bastante en contra de la misma. Ni que decir tiene que sus antiguos colegas le tachan de traidor para arriba.

Pero no va a ser el único autor al que pienso recurrir ni muchísimo menos. Voy a utilizar a autores de diferentes corrientes de pensamiento economicista (marxista, keynesiana, institucionalista, neoclásica, incluso monetarista y de una persona con “dos-dedos-de-frentista”) para que podáis comprobar por vosotros mismos que todas las escuelas y corrientes tienen algo que decir al respecto de la escuela austríaca… y no son cosas bonitas, precisamente.

3) Ése es otro asunto del que tenemos que hablar. El libertarianismo (también traducido como “libertarismo”), es la corriente política que va pareja a esta doctrina económica (ambas defienden los mismos “intereses” e ideas).

Prefiero el término “libertarianismo” y “libertariano” a “libertarismo” y “libertario” para no confundir a este movimiento político de corte derechista y neoliberal con el movimiento libertario anarquista, que se merece mucho más respeto… y el intento de no confundirlo con el primero. Porque las comparaciones son odiosas, y más en este caso.

El libertarianismo combina elementos ultraderechistas, anarquistas (anarcocapitalistas), neoliberales, minarquistas, predica las bondades del libre mercado, el individualismo, y no puede ver al Estado, sus impuestos y su intervencionismo ni en pintura.

Ya cuando estuve analizando junto con mi mujer el pseudodocumental conspiranoico Zeitgeist: the Movie, os mostré cómo gran parte de sus fuentes de la tercera parte (No te preocupes por los hombres detrás de la cortina), eran autores libertarianos, cómo el film utilizaba y exponía ideología libertariana…

http://natsufan.wordpress.com/2009/10/12/zeitgeist-contrastado-xliv/

http://natsufan.wordpress.com/2009/10/12/zeitgeist-contrastado-xlv/

http://natsufan.wordpress.com/2009/10/12/zeitgeist-contrastado-xlvi/

…y cómo se llegaba al extremo de hacer aparecer bajo una luz favorable en Zeitgeist: Addendum, al líder de los libertarianos estadounidenses, el republicano radical Ron Paul.

http://natsufan.wordpress.com/2009/10/12/zeitgeist-contrastado-xlvii/

Como podréis comprender, las conexiones, aparte de evidentes no son casuales. Y eso nos lleva a…

4) La escuela de Austria es la fuente, foco, origen e influencia de muuuuuuchas teorías de la conspiración. Especialmente las relacionadas con la Economía (“el dinero es deuda”, “los bancos centrales son malos y perversos”, “los bancos centrales especialmente la Reserva Federal de EEUU (y los bancos privados monopolistas) están en manos de judíos, masones e Illuminati”, “hay que volver al dinero basado en oro”, “los impuestos son malos y no hay por qué pagarlos”, “el Estado intervencionista es malvado y quiere nuestra sangre”, “la Seguridad Social es una estafa piramidal, no tienes por qué pagarla”, muchas de las conspiranoias sobre Rockefeller (que es considerado el monopolista por antonomasia en EEUU), etc., etc., etc.

Vuelvo a insistir en lo que ya dije: si Zeitgeist: the Movie, el pseudodocumental conspiranoico de mayor difusión de los últimos tiempos, el cual ya hemos desbrozado y desmentido en más de cuarenta artículos y hemos tardado la friolera de tres años de investigación para ello, utiliza como fuente a la escuela austríaca, por algo será. Y a buen seguro no será para nada bueno, dado que el pseudodocumental no mentía más… porque no duraba más tiempo.

5) Me voy a centrar en una serie de ideas básicas cuando critique “académicamente” a la escuela austríaca:

a) Quiero que esto os quede muy, muy clarito y, por favor os lo ruego, perdonad que lo repita tantas veces: la escuela de Austria… se sale del parchís. No es “normal”. Es la excepción a la regla… porque se sale de la regla, no porque participe en ella. Es de un radicalismo muy poco común en el mundo académico.

b) Su metodología es un absoluto disparate.

Coño… es la única escuela economicista (y una de las pocas corrientes de cualquier ámbito académico) que asegura… haber creado un paradigma de estudio…

…al margen del método científico.

¡¡¡Arrambla que ahí llevas!!!

Lo que leéis.

No… utiliza… el… método… científico.

No utiliza experimentación natural.

Ni la experiencia previa.

Ni las matemáticas.

¡¡¡Tooooma pseudociencia!!!

¡Qué coño! ¡¡¡Anti-ciencia!!!

Y a sus autores no les tiembla ni el pulso al decir todo eso. Es más, no sólo no utiliza el método científico, sino que asegura haber creado un paradigma nuevo distinto de éste (y mejor según ellos, claro). Vosotros os preguntaréis… ¿y qué cojones utilizan entonces esta panda de chiflados? Pues, obviamente, una soplapollez de dimensiones cósmicas: la praxeología. Pero ya veremos eso en profundidad. Tranquilidad.

De esta escuela vamos a criticar, principalmente (porque como me ponga a criticar todo lo que es “criticable” de esta escuela, no acabo en mi repajolera vida) su “metodología deductiva”, su “idea” de lo que es inflación, sus análisis “post hoc”, su “utilización” del lenguaje en vez de la formulación matemática, sus posturas ideológicas y políticas, el “ciclo económico austríaco”, sus ideas en el debate sobre el cálculo económico (asignación de recursos) y, especialmente, insisto, su rechazo fundamental al método científico, la estadística, la econometría, la utilización de datos empíricamente testados, y el estudio de los fenómenos mediante la experiencia previa. Tela marinera, vaya.

c) Si se la estudia en Economía, no es por sus aportaciones “económicas”, sino “políticas” (y alguna que otra “filosófica”). Es decir, se la estudia por Historia, porque influyó (trágicamente) mucho en las políticas económicas de los gobiernos conservadores de muchos países desde finales de los 70 hasta los 90 (gobiernos de Ronald de Reagan en EEUU y de Margaret Thatcher en Gran Bretaña, principalmente) y extendiendo esa influencia en menor medida a políticas posteriores. Con resultados desastrosos, tal y como estamos notando en nuestras carnes con la crisis económica actual.

Insisto: la escuela austríaca es la versión más radical de la ideología liberal (neoliberal).

Es absolutamente antimarxista, anticomunista, y enemiga a muerte de todo lo que sea “socialismo” o “intervencionismo estatal o social”. Ha sido, por tanto, favorecida tradicionalmente por partidos y gobiernos liberales y/o conservadores (de derechas, vamos). El único “Premio Nobel” de Economía (no recibe ese nombre exactamente, se le llama así para abreviar su título oficial de “Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel”) de la escuela austríaca propiamente dicha, el de Friedrich Hayek, le fue concedido por las presiones de grupos políticos de derechas a la academia sueca (y, obviamente, al Sverige Bank), en el marco de la lucha ideológica de la Guerra Fría, tal y como reconoció el mismo Hayek. También hablaremos de ello aaaaaaampliamente.

De hecho, el resurgir de la escuela austríaca, con Hayek, se produjo como reacción a la expansión de las corrientes marxista y keynesiana en los años 30… pero nadie le hizo mucho caso hasta mediados de los 70, cuando la crisis económica del petróleo del 73 aupó al poder a sucesivos gobiernos conservadores que adoptaron las ideas de esta escuela como “solución” a la crisis y para combatir al comunismo y al socialismo (bueno, lo que ellos llamaban “socialismo”). Y es que durante la Guerra Fría, para estos sectores conservadores, todo valía si era anticomunista. Incluidas salvajadas como la escuela de Austria. Hoy sabemos que es una salvajada, pero en aquellos difíciles tiempos… los que aplicaron sus ideas, o no lo sabían… o no les importaba un carajo porque les interesaba adoptarlas.

d) Sus autores y defensores son más tontos que los comentarios del YouTube. Y cerrados de mollera como pocos. Ponerse a hablar o intentar dialogar con uno de ellos es de lo más parecido a hablar con un creacionista de la evolución de las especies… o intentar convencer a un conspiranoico o fanático religioso. Y “saltan” de argumento a argumento como rana epiléptica para evitar que les pilles. Que utilizan mucho lo que, popularmente, se conoce en internet como “tangenting” (salirse por la tangente), vaya.

En más de una ocasión, os encontraréis críticas a la escuela austríaca, como la realizada por Galbraith, Keynes o por muchos contrarios al neoliberalismo, que comparan las ideas de esta escuela con… una religión, y a sus seguidores con fanáticos religiosos. Os podrá parecer una exageración. Pues no lo es. ¿Por qué se les tacha de esta manera en concreto? Porque, a diferencia de keynesianos, neoclásicos, e incluso marxistas y neoliberales monetaristas, que han variado sus posturas conforme se realizaban nuevos avances en el estudio de la Ciencia Económica, y admitían cambiar sus ideas y postulados… los seguidores de la escuela austríaca (bueno, la gran mayoría), siguen convencidos de sus ideas-base originales, a pesar de que son chorradas como la catedral de Burgos de grande, demostrables de manera empírica y objetiva.

Ésa es una de las mayores y más perniciosas características de esta escuela: no cambian, se niegan a cambiar, a pesar de que es obvio que están equivocados, de tener a todo el mundo en contra… y, encima, como buenos fanáticos, te dicen que es el resto del mundo el que está equivocado y sólo ellos tienen la razón. Hasta Caplan admite eso (lo llama “el elitismo del libertariano”).

e) Sus “propuestas” son… la rehostia. Por decirlo suavemente.

Proponen volver a utilizar el oro como moneda, predican el laissez-faire absoluto (el famoso”deja hacer” o no intervencionismo estatal en Economía), llegan al extremo de negarle su papel al Estado… ¡salvo para garantizar la propiedad privada de los ciudadanos! (y eso, los que proponen dejarle algo al Estado, que los hay que lo quisieran eliminar totalmente), que no exista “ninguna forma de coerción” en las transacciones y pactos comerciales (lo que incluye impuestos, aranceles, convenios sindicales, leyes regulatorias de calidad…), eliminar el sistema de banca fraccionaria, que las instituciones de gobierno (policía, judicatura, enseñanza, sanidad, ejército, etc.) sean privadas o se privaticen (NADA de impuestos), anteponer los derechos de propiedad sobre el medio ambiente, que el Estado y sus obras públicas se mantengan con… donaciones…

Joder…

Bueno, voy a hacer un alto, porque como siga, no acabo.

2. Declaración de intenciones del autor.

Mirad, antes de seguir, em… Yo no intento engañar a nadie, así que voy a volver a avisar. Muchos de vosotros ya lo sabéis, pero algunos otros, que acabáis de llegar a mi blog, quizás no. Soy neokeynesiano (más bien dicho, que encuentro como demostradas de manera cierta gran parte de las ideas y propuestas neokeynesianas, no todas ni muchísimo menos), sindicalista y socialdemócrata, ¿vale? Seguramente, muchos de los que aquí entréis a leer mis artículos, una vez os enteréis del trasfondo de su autor, pensaréis… “¡Ah, bueno! Entonces es por eso que critica tan despiadadamente a la escuela de Austria y le mete tanta caña ya desde el principio!”

NO.

No es “sólo” por eso.

Quiero dejar esto muy, muy, muy, pero que muy clarito.

La escuela austríaca es “despiadadamente criticable” desde CUALQUIER punto de vista. Porque es para mear y no echar gota. No hace falta ser un keynesiano, ni un sindicalista, ni un socialista para hacerlo. Ni siquiera hace falta ser economista para criticarla despiadadamente. De hecho, la han criticado conservadores, centristas, democristianos e incluso la mayoría de liberales. Cualquiera puede hacerlo, por la sencilla razón de que la escuela de Austria es una de esas cosas tan absurdas que, cuando nos encontramos una a lo largo de nuestra vida, no podemos evitar el exclamar… “¿¿¿pero esto, qué mierda eeeees???”

Yo voy a intentar emplear un lenguaje lo más sencillo posible en mi crítica para que la podáis entender sin necesidad de (mucha) jerga económica. Pero que nadie se mueva a engaño y piense que porque estoy empleando un lenguaje accesible, estoy exagerando o estoy haciendo una crítica que no hayan hecho ya centenares de profesionales y autoridades económicas procedentes de muy diferentes puntos de vista.

El que YO critique a la escuela de Austria objetivamente como economista que soy, no va a hacer menos objetiva mi crítica porque yo diga que los autores de esta escuela tienen menos luces que el sótano de un asesino en serie. Porque es verdad. Y ya he avisado en repetidas ocasiones que no tengo pelos en la lengua, y que yo llamo al pan, pan… y al vino, vino.

Vueeeeelvo a insistir en que si yo digo una verdad así: “2 + 2 = 4”, sigue siendo verdad aunque yo la diga así “2 + 2 = 4, imbécil”, para que la entendáis y/o se os quede grabada más fácilmente. Y se me oiga mejor y más alto. Que no sólo tienen derecho a gritar los que mienten, sino los que decimos verdades.

Aquí, en este blog, yo realizo una crítica a una serie de “temas” (como la escuela austríaca, las conspiranoias, la religión o el ocultismo) que son, objetivamente, falsos y absurdos. Y voy a explicar por qué son falsos y absurdos para el que tenga hambre de conocimiento y ánimo de saber ese por qué. Pero en este diario, no se discute si estos temas son falsos o verdaderos. Son falsos. Punto. Sin posibilidad de cuestión. No escojo temas para criticar que tengan posibilidades de redención o excusas, sino temas que son radicalmente obvios como falsedades. Me gustan las peleas “fáciles”. Y sí, soy más chulo que un ocho verde pistacho. Eso es lo que hay, y no por serlo, dejo de tener razón y de exponer las pruebas de lo que argumento.

Dicho todo eso, pasamos a ver de dónde viene la escuela austríaca.

3. El nombre (o nombres) de la Escuela de Austria.

Obviamente, una escuela de pensamiento economicista que se llama “austríaca” o “de Austria” no se llama así porque provenga del Tíbet. Se llama así porque tiene sus orígenes en Austria.

promokhudes

Sí, ya sabéis: ese país alpino de Centroeuropa, con capital en Viena, donde se habla un alemán rarísimo, y donde si vamos de turismo nos podremos encontrar a esos señores que cantan en gorgoritos mientras trepan por los Alpes a golpe de “piolet”.

Pero… “escuela de Austria” no es el ÚNICO nombre o “apelativo” que recibe esta…”escuela” de pensamiento.

También recibe los nombres de “escuela de Viena”… o “escuela psicológica”.

Mmmm… Qué interesante, ¿verdad? Qué nombres tan… curiosos y reveladores.

El que tenga cultura y dos dedos de frente, habrá adivinado de inmediato cuán importantes son esos otros dos otros nombres para explicarse muuuuuchas cosas sobre esta “escuela”.

Como antiguo estudiante de periodismo, soy un “cotilla profesional”, y una de las premisas básicas de la profesión es la de interesarse no sólo por las cosas que alguien dice ni por qué… sino por sus orígenes y contexto. El asunto no suele ser baladí. Y a la hora de explicar el por qué de las barbaridades que afirma la escuela austríaca, vais a ver cómo resulta importantísimo el conocer esos detalles vitales sobre ella… como su origen.

Porque ya desde su mismo origen es absurda. Ahora lo veremos.

La escuela de Austria recibe su nombre porque los autores que la fundaron (y la mayoría de los más relevantes: Schumpeter, von Mises, Hayek) han sido austríacos, aunque en la actualidad la mayoría de sus seguidores pueden provenir de cualquier país (tontos hay en todos lados, eso no es una prerrogativa austríaca, ni mucho menos). En adelante, a los seguidores de esta escuela, procederé a denominarlos “austríacos”, (entre comillas, por favor, que no se ofendan mis hermanos europeos austríacos), para generalizar (y porque así los designan el resto de autores de otras escuelas), si bien insisto en que no todos sus seguidores provienen del país alpino, ni todos los habitantes de ese país son seguidores de esta estupi… de esta “escuela”.

Afortunadamente.

4. Orígenes e Historia.

Una cuestión importante es separar y diferenciar cuáles son los orígenes verdaderos de esta escuela… y de dónde dicen que vienen los autores y seguidores de esta escuela. Sí, hijos, sí… resulta que ya empiezan metiendo la pata inventándose (o asociándose de “refilón” con) unos orígenes de rancio abolengo.

La escuela austríaca nace en la Austria de la segunda mitad del siglo XIX, durante el imperio habsbúrguico austro-húngaro. Pero los autores y seguidores de esta escuela “retrotraen” sus orígenes e influencias primigenias a las escuelas filosóficas escolásticas medievales de Salamanca y Escocia, y a los fisiócratas franceses.

Cuidado, según ellos.

Si por ellos fuera se “retrotraían” a los neandertales.

4.1. Orígenes de la escuela de Austria según sus autores.

Según Murray Rothbard, uno de los mayores representantes de esta “escuela” economicista, y que fue el que más se interesó por estudiar los orígenes de la misma, el pensamiento o las ideas de la escuela austríaca encuentran sus más directos antecesores (según él hay un chorro permanente de defensores y postuladores de ideas “austríacas” ¡¡¡desde Aristóteles y Lao Tsé!!!) en:

a)-La escolástica de la universidad de Salamanca (en menor medida, de la escocesa).

http://homepage.newschool.edu/het//schools/salamanca.htm

b)-Los fisiócratas del siglo XVIII.

a) Según Murray Rothbard, los escolásticos salmantinos son “proto-austríacos”.

In recent decades, the revisionist scholars have clearly altered our knowledge of the prehistory of the Austrian school of economics. We see emerging a long and mighty tradition of proto-Austrian Scholastic economics, founded on Aristotle, continuing through the Middle Ages and the later Italian and Spanish Scholastics, and then influencing the French and Italian economists before and up till the day of Adam Smith. The achievement of Carl Menger and the Austrians was not so much to found a totally new system on the framework of British classical political economy as to revive and elaborate upon the older tradition that had been shunted aside by the classical school.

“En décadas recientes, los académicos revisionistas han alterado de manera evidente nuestro conocimiento de la prehistoria de la escuela económica de Austria. Vemos emerger una larga y poderosa tradición de escolásticos proto-austríacos, basados en Aristóteles, que continúa a lo largo de la Edad Media y los posteriores escolásticos italianos y españoles, y que después influenciaron a los economistas italianos y franceses antes y hasta los días de Adam Smith. El logro de Carl Menger [nota: el fundador de pleno derecho de la escuela de Austria] fue no tanto el fundar un sistema completamente nuevo sobre la estructura de la economía política clásica británica como el revivir y elaborar sobre una tradición más antigua que fue “dejada en vía muerta” por la escuela clásica.”

http://mises.org/daily/2357

[Nota: fijaos en la mala leche que destilan desde primera hora los textos de los “austríacos”, y cómo se lamentan de haber recibido desde siempre ataques y menosprecios, y ser víctimas de persecuciones y “conspiraciones.”]

Joseph Schumpeter, otro “austríaco”, aseguraba también que las ideas básicas de la escuela de Austria devienen de la Escuela de Salamanca.

http://books.google.es/books?id=pTylUAXE-toC&printsec=frontcover&dq=History+of+Economic+Analysis+schumpeter&cd=1#v=onepage&q=salamanca&f=false

promokhudes

¿Por qué dicen eso? Por dos cuestiones fundamentales:

La primera, para darle “prestigio” a la escuela de Austria, ya que queda muy bonito y da buen nombre eso de decir “yo desciendo de los primeros economistas”. La escuela de Salamanca fue UNA (no la única) de las primeras en elaborar y establecer ideas más o menos modernas sobre pensamiento económico.

La segunda porque, según los “austríacos”, muchas de esas ideas escolásticas son clarísimamente “austríacas”:

-Los salmantinos defendían no sólo el derecho a la propiedad privada sino al disfrute de los beneficios que da esa propiedad privada. A partir de ahí, todos los demás miembros de la comunidad se pueden beneficiar a través del intercambio comercial. Como podéis ver, fueron de los primeros en defender una de las “vacas sagradas” del capitalismo: la propiedad privada y los frutos que genera ésta (eres dueño de la tierra, y del beneficio que produce, hasta entonces eso no se consideraba así: el señor era dueño de las tierras, y se consideraba que la cosecha era del campesino, el cual le pagaba unas rentas por estar usándola; ahora se consideraba que el señor era dueño de la tierra y de lo que producía, era el campesino quien recibía un pago por trabajarlas ). Es una diferencia de concepto (siglos más tarde, los marxistas lucharían contra este concepto al grito de “¡la tierra para el que la trabaja!”).

-Los salmantinos fueron de los primeros en darse cuenta de que el oro (y otros metales preciosos) no valía igual en todas partes. En los países donde había menos, el oro valía más (teoría cuantitativa del valor del dinero).

-Los salmantinos justificaban (aún siendo teólogos cristianos, en contra de lo establecido por la Iglesia) el cargar con intereses un préstamo monetario. Según ellos no era inmoral, porque no sólo se beneficiaba el prestamista, sino el prestatario, al disponer de una oportunidad de financiarse que, sin pedir prestado con interés no tendría disponible (la idea medieval eclesiástica hasta entonces era que el precio justo de un producto debía estar basado en lo que hubiera costado producirlo, no más). Con el préstamo, los prestatarios podían iniciar nuevos negocios que, a su vez, generaran después más riqueza (primeros reconocimientos a la capacidad emprendedora empresarial). El pedir un interés por el dinero prestado no sólo es por obtener beneficio, sino como compensación por no estar haciendo con el dinero otras cosas que quizás le podrían reportar más beneficio al prestamista, el dueño del dinero (a eso se le llama coste de oportunidad). Los salmantinos consideraban el dinero una mercancía en sí mismo, como una mercancía más… con esa idea en mente, era más que obvio y lícito, el pedir una compensación o beneficio por prestárselo a otro (a ver, es como equiparar al dinero con las tierras… ¿por qué no puedo “alquilar” el dinero como hago con las tierras para obtener un beneficio? A fin de cuentas, ahí se demuestra que ambas cosas son mercancías, ¿no?).

Bueno, y ahora… ¿son ciertos estos orígenes?

No.

No hay relación directa.

Como podéis observar, esas ideas “salmantinas” son muy, muy, muy básicas y de perogrullo, al estilo de descubrir la rueda. Por esa regla de tres, todas las escuelas económicas actuales que prediquen cosas como la defensa de la propiedad privada, que el oro no vale siempre igual sino según lo escaso o abundante que sea, o justifique el préstamo con interés porque el dinero es una mercancía más (capital)… descienden de los escolásticos salmantinos. Es absurdo.

Otra cuestión que se les “olvida” a los “austríacos” es que mienten como bellacos… esas ideas no tuvieron continuidad. Se olvidaron en el siglo XVII. Ellos no pueden “descender” de unas ideas que se olvidaron siglos antes de que los “austríacos” “aparecieran” como escuela distintiva (bueno, lo que ellos llaman ser “distintivos”). Esas ideas fueron redescubiertas, de manera independiente y desde el inicio, por otros autores, a lo largo del XVIII y del XIX. Por poner un ejemplo parecido, los mayas inventaron primero la notación posicional (en escritura física) del número cero. Los indios (de la India) desarrollaron este concepto de manera independiente siglos después. El que los matemáticos mayas hubieran inventado antes el cero, no hace a los matemáticos indios medievales “descendientes” de los mayas. De hecho… es que ni siquiera estuvieron en contacto. Así que “menos moscas” y “tirarse el rollo”, “austríacos”.

Como dicen en mi tierra, la primera, en la frente. Ya desde el principio, podemos observar que los “austríacos” se inventan, “interpretan” y mienten como les da la real gana.

b) Aquí me voy a prodigar menos. Pero las causas de por qué los “austríacos” se dicen descendientes de los fisiócratas, son más o menos las mismas que las aplicadas a los escolásticos salmantinos y un poco más ciertas.

Los fisiócratas franceses…

http://homepage.newschool.edu/het/essays/youth/physiocont.htm

…son de los primeros economistas netamente “modernos”.

De hecho, son los primeros en abandonar las teorías mercantilistas medievales y en adoptar descripciones e ideas “liberales” y en desarrollar el término “economistas”, que era como se llamaban a sí mismos. Hoy les llamamos “fisiócratas” (“los que gobiernan a través de la naturaleza”), para diferenciarlos de todos los que después se llamaron economistas. También fueron de los primeros en desarrollar y dejar por escrito sus ideas en un sistema, conformando una estructura bastante completa. No en ideas sueltas, como los salmantinos.

Los “austríacos” “flipan” con algunas de las ideas de esta gente:

-Son individualistas (para ellos, el motor de la Economía es el propio interés personal, que es el que hace buscar riqueza, y a su vez, mueve toooodo el entramado de la Economía).

-Predican la libertad: el laissez-faire.

[Nota cultural: el término laissez-faire quiere decir en francés “dejad hacer” o “dejar ser”. Laissez-nous faire (dejadnos hacer) fue la respuesta que supuestamente le dieron a Colbert, el intervencionista y mercantilista ministro de finanzas francés de Luis XIV, un grupo de empresarios dirigidos por M. Le Gendre, cuando el ministro les preguntó qué mejor ayuda les podía ofrecer el Estado francés a los mercaderes (para ayudarles a crear riqueza). Básicamente es un “dejadnos hacer a nosotros, no intervengas, que nosotros ya sabremos lo que hay que hacer, no nos ayudes… con que no nos estorbes, basta”. Esa expresión (no está documentada históricamente) fue adoptada por todos los partidarios del liberalismo económico como resumen de sus ideas de libertad sin intervención de nadie (especialmente del Estado), como mejor forma de que la economía progresara, y dio lugar a la expresión “una economía laissez-faire”, como ideal liberal. En palabras del humorista José Mota: “tú dame hueco, que yo ya… yo ya sabré… Pero dame hueco. No me lo quites.”]

-Buscan, por tanto, reducir el papel del Estado (no abolirlo ni mucho menos) y los “poderes intervencionistas”.

-Defienden la propiedad privada “a saco matraco”.

Y, especialmente…

-Odian los impuestos (si bien no buscan abolirlos, sino reducirlos a un “impuesto plano”).

Volvemos (casi) a lo mismo. Los “austríacos” se dicen descendientes de estos señores tanto por razones de prestigio (fueron los primeros economistas en el sentido estricto y fueron de los primeros liberales, recordemos que era la época de la Ilustración), como por una aparente similitud de ideas que, lamentablemente para esa búsqueda de prestigio… desarrollaron muchas otras escuelas que SÍ se pueden decir “descendientes directas” de los fisiócratas. No es que los “austríacos” no desciendan de los fisiócratas, sino que “todo dios” desciende de los fisiócratas en tanto en cuanto todos los economistas descienden de los fisiócratas.

Por decirlo más claramente, los fisiócratas son los “abuelos” de todos los economistas (porque fueron los primeros economistas modernos). No sólo de los “austríacos”. Para ser sinceros, los descendientes más directos de las ideas fisiocráticas, son los liberales políticos y los primeros economistas capitalistas (Adam Smith).

Como veremos a continuación, los orígenes auténticos de la escuela austríaca son patéticos, originados en pataletas infantiles y nacionalistas, y de una caradura y una miseria intelectual a-co-jo-nan-tes.

4.2. Orígenes auténticos de la escuela de Austria.

Al margen de  lo que piensen, se inventen o digan sus defensores, la escuela austríaca tiene sus orígenes en la segunda mitad del siglo XIX, en el imperio austro-húngaro habsbúrguico.

promokhudes

La historia es muy laaaaarga y muy compleja como para ponerme a desarrollarla punto por punto. Y muy aburrida si la expongo de manera “academicista”. Así que vamos a intentar resumir y dejarla lo más clara posible, con un tono de humor, al final del artículo.

Pero primero, en serio.

Érase que se era la segunda mitad del siglo XIX en Europa.

Era una época un poco “revoltosa” y revolucionaria. Tras las guerras napoleónicas, y la cada vez más rápida difusión de ideas y conocimientos, las sociedades europeas estaban en permanente ebullición. Era la “época del despertar de los pueblos”, del surgimiento de las ideas nacionales, y del cuestionamiento de una serie de otras ideas que hasta entonces habían sido más o menos intocables (la monarquía, el papel del soberano como gobernante indiscutido, la idea del Estado por encima de la nación, etc.). Las invasiones napoléonicas no habían hecho sino exacerbar esas ideas, al crear, por reacción ante las invasiones, el despertar de la conciencia nacional en muchos pueblos.

Uno de esos pueblos fue… el alemán.

En la segunda mitad del siglo XIX, a todos los hablantes de lengua alemana se les planteaba un “dilema nacional”. Su problema no era el de independizarse de ninguna nación opresora, como les pasaba a polacos, griegos e irlandeses, ya que ellos no estaban sometidos a nadie, sino justamente lo contrario: estaban divididos en multitud (y cuando me refiero a multitud quiero decir un mogollón) de estados independientes.  Es decir, la cuestión era… cómo unificarse en un solo país.

A los germanófonos se les presentaban DOS opciones o caminos a seguir en la búsqueda de esa unificación nacional:

Prusia (“Pequeña Alemania”)… o Austria (“Gran Alemania”).

Cada una de las dos opciones presentaba sus pros y sus contras al pueblo alemán, y eran prácticamente antagónicas.

Prusia era una nación pujante, pero reciente, moderna, relativamente homogénea en lo étnico (tenía pocas minorías no germánicas en su suelo), con una capacidad industrial impresionante, una economía poderosísima, un desarrollo tecnológico de vanguardia, un ejército admirablemente bien equipado y adiestrado, un sistema político parlamentario, y sus filósofos, escritores y científicos de la época se codeaban con e incluso superaban a franceses e ingleses. Los prusianos constituían el epítome de lo netamente alemán y de lo “moderno”. En cambio, eran bastante centralistas.

Por contra, Austria no era sino una parte (dirigente, eso sí) del imperio austro-húngaro, que era una unión política de pueblos totalmente diversos (húngaros, italianos, croatas, eslovenos, rutenos, checos, eslovacos, polacos, rumanos…), no sólo estaban los austríacos de lengua alemana en el imperio. A este mosaico de pueblos sólo los unía el tener un soberano común: el emperador de la dinastía Habsburgo. Este imperio era muy heterogéneo, más agrícola que otra cosa, tenía un sistema político absolutista, un ejército gigantesco pero anticuado, una industria de poco relieve, y una característica que se hizo notar mucho y nos interesa para entender el nacimiento de la escuela de Austria: su nivel cultural era muy, muy, muy pobre. Hasta la segunda mitad del XIX, Austria carecía de intelectuales de gran talla. Los austríacos representaban el antiguo régimen e ideas de eras pasadas. Es más, los austríacos eran y son católicos, y los prusianos eran protestantes. El autoritarismo político absolutista austríaco impedía el desarrollo de una clase intelectual libre y sin cortapisas. Pero los austríacos consideraban que tenían el prestigio, el abolengo y la autoridad para ser los líderes de los pueblos de lengua alemana. Tradicionalmente, los emperadores Habsburgo habían sido los monarcas por derecho del antiguo Sacro Imperio Romano Germánico, que englobó de manera muy laxa (ésa era la ventaja principal de los austríacos: que no eran en exceso centralizadores), a los hablantes de lengua alemana durante la Edad Media y el Renacimiento. Esta entidad política fue perdiendo relieve, y ya para finales del XVII, no era más que una entidad sobre el papel: los alemanes estaban divididos en muchos países independientes.

Las invasiones napoleónicas habían eliminado incluso ese paripé… y, ahora, los alemanes pedían a gritos una unificación nacional.

En fin, lo dicho: las dos potencias se disputaban el liderazgo de los pueblos de lengua alemana. Era más que obvio que aquello se iba a resolver a guantazo limpio, porque cada uno defendía posturas irreconciliables. Los austríacos veían a los prusianos como advenedizos, nuevos ricos, y traidores a la tradición, la causa imperial y el derecho divino a gobernar… y los prusianos veían a los austríacos como trogloditas reaccionarios, anticuados y anclados en fórmulas que de nada servían en los tiempos modernos, amén del hecho de que ni a los prusianos ni a gran parte de los alemanes no prusianos maldita gracia que les hacía una unificación con un imperio que contenía a docenas de pueblos no germánicos.

De resultas de estas rivalidades, estalló una guerra entre Prusia y sus aliados y Austria y sus aliados.

Fue la conocida como Guerra Austro-Prusiana (1866).

 

No vamos a contar batallitas (nunca mejor dicho), porque estos artículos versan sobre Economía, no sobre historia militar.

Resumiendo: los prusianos les dieron una soberana paliza a los austríacos en el campo de batalla. Y fue una paliza TAN monumental que reconfiguró de arriba abajo la idiosincrasia y la forma de pensar de los austríacos.

Los prusianos, dirigidos por su “canciller de hierro”, Otto von Bismarck, dirigieron el formidable poderío industrial y militar prusiano contra los anticuados austríacos, humillándolos, desarticulando las viejas relaciones con Austria, e iniciando el proceso unificador de los pueblos de lengua alemana sin contar con Austria.

 

Aquella humillación, ante los ojos de todo el mundo, fue un revulsivo total para Austria. Fue como si le abrieran los ojos. Por establecer un símil “asequible”, digamos que fue como el desastre del 98 (la guerra de Cuba) para España.

A partir de entonces, Austria (el todavía imperio austro-húngaro), cambió. El emperador, aconsejado por sus ministros, decidió modernizar el país, y modificó el sistema político, haciéndolo más democrático. Se establecieron parlamentos y dietas representativas (todo lo más que podía dar de sí aquella época), y ese cambio político propició varias cosas que son las que más nos conciernen en el estudio de la escuela de Austria.

El país se liberalizó, empezando por sus instituciones universitarias y educativas, de impresión y venta de libros, etc., permitiendo una gran libertad de expresión intelectual, y creando una “edad de oro cultural austríaca”, centrada especial y esencialmente en la metrópoli capitalina de Viena. Si os fijáis bien, fue lo mismo que sucedió en España que, tras el desastre del 98, desarrolló una brillante edad cultural, especialmente literaria  (fue la “Generación del 98”). Desde aquel momento, Austria se fue haciendo cada vez más famosa, como cuna de grandes intelectuales, pensadores, filósofos, etc.

promokhudes

¿Qué implicaciones tiene todo esto para el estudio de la escuela de Austria?

Pues que esta escuela de pensamiento economicista se desarrolló en este nuevo ambiente “de ebullición cultural” de la segunda mitad del XIX… un ambiente muy liberal, y muy “centralizado” en la capital vienesa, donde se estudiaba de todo, bastante “libremente”, de forma tal que todas estas nuevas expresiones culturales se acabaron influenciando mucho unas a otras, por mera cercanía intelectual y “geográfica”, ya que sus creadores y promotores frecuentaban las mismas universidades, bibliotecas, cafés, salones culturales y ambientes.

La escuela de Austria nació en este ambiente.

El mismo en el que nació, de manera contemporánea… la psicología de Sigmund Freud.

Un resumen de un artículo al respecto de la influencia de la obra de Freud sobre la escuela austríaca:

http://www.pep-web.org/document.php?id=jaa.014.0001a

¿Os acordáis de lo que dije más arriba acerca de lo curiosos que son los “otros nombres” de la escuela de Austria (“escuela de Viena” y “escuela psicológica”)?

Pues ya sabéis por qué.

Sí, me espero a que paréis de reír.

¿Ya?

Vamos a ver, mucho ojo. No estoy diciendo que la escuela de Austria nazca del psicoanálisis o los métodos de Freud, ni mucho menos, sino que la escuela de Austria vio muy influenciada su “metodología” (en posteriores artículos la trataremos, si puedo evitar el describirla sin que me dé un ataque de risa) por la psicología vienesa de fines del XIX. Eso es especialmente visible en la obra tardía de Carl Menger, el fundador de esta, entonces novedosa, “escuela economicista austríaca”. Unos textos la mar de jugosos al respecto:

…a finales de los años noventa [del siglo XIX, se entiende] confiaba en que estaba ya próximo el momento de la publicación y, de hecho, algunas secciones muy importantes habían recibido ya su forma definitiva. Pero se iba ampliando cada vez más el campo de sus intereses y del trabajo acometido. Consideró necesario profundizar en el estudio de otras disciplinas. La filosofía, la psicología y la etnología iban reclamando porciones cada vez mayores de su tiempo, de modo que la publicación sufrió continuos aplazamientos.

[…]

Menger afirma expresamente que no quiere comentar el valor de la exposición matemática de los principios doctrinales de la economía política. El tono general de la recensión y la objeción de Menger contra el hecho de que “en su opinión los autores utilizan el método matemático no sólo como medio de exposición, sino como medio de investigación”, confirman la impresión general de que no atribuía a este método una especial utilidad.

[…]

en sus escritos sobre problemas metodológicos no aparece nunca el método matemático. ¿Debemos concluir que se sentía escéptico sobre su utilidad?

[…]

Entre los autores que influyeron en Menger durante el período decisivo de su pensamiento, no aparece ningún economista austriaco, por la simple razón de que en la primera mitad del siglo XIX no los había. En las universidades frecuentadas por Menger, el estudio de la economía política, considerada como una parte de la jurisprudencia, corría a cargo de científicos procedentes en su inmensa mayoría de Alemania. Y aunque, como todos los posteriores economistas políticos austriacos, Menger se doctoró en Derecho, difícilmente puede admitirse que se sintiera estimulado por sus profesores para dedicarse al estudio de las ciencias económicas.

http://www.hacer.org/pdf/Menger00.pdf

Y al lorito, que es Hayek el que está ahí hablando de Menger.

Ustedes, queridos lectores, seguramente se estarán preguntando, logiquísimamente… que qué cojones tiene que ver la psicología freudiana con el estudio de la Economía.

Poco… o prácticamente nada, como cualquiera con dos dedos de frente puede ver y entender.

Uno de mis profesores, en la facultad, llamaba a esta escuela de Austria, “escuela del diván”, porque ése era, básicamente, el método preferido de los autores de la escuela austríaca para estudiar la Economía: recostarse sobre su sofá, o su silla, ponerse a pensar sobre Economía, “psicoanalizándola”, y dejar sus “conclusiones” por escrito en libros. O sea, “interpretar la Economía según les saliera de los huevos”, como quien dice.

Justo, justo, como la “metodología freudiana”, que de científica tiene lo que yo de obispo de Sigüenza: nada.

Y ustedes dirán… “¿y así se realiza investigación sobre la Economíaaaaa?”

Obviamente, NO.

Como podéis ver, ya desde su mismo origen, la escuela de Austria hace gala de lo que se ha convertido en bandera y enseña de su “método particular”: su carácter no-científico (de hecho, de rechazo al método científico, je… con razón no lo utilizan), ni el estudio de la experiencia previa, no quieren ver datos empíricos, estadísticas, gráficas ni formulación matemática por ninguna parte, utilizan la deducción a cascoporro, la “observación directa”, y mil cosas más que, como podéis ver, tienen su origen entre otras cuestiones que trataremos más adelante, en una influencia de “los métodos freudianos” (más correctamente hay que decir que la influencia no es freudiana, sino “psicológico-vienesa-de-finales-del-XIX”, que hay que reconocer que Freud no estuvo solo). Vamos, que resumiendo: los “austríacos” estudian la Economía por el método… “porque yo lo valgo”, “yo me lo guiso y yo me lo como”, “eso es lo que interpreto”, “tu pánico subsconciente a volar viene de que viste desnuda a tu abuela en el baño, -oiga, y ¿no tendrá más bien que ver con el hecho de que mis padres murieron en un accidente de avión?- no, no, viene de donde yo te digo”, etc.

Un inciso.

Mirad… no voy a entrar en discusiones sin sentido con los seguidores de la obra de Freud, que sé que todavía los hay (especialmente argentinos), y muy fanáticos. Tengo suficiente experiencia en estas lides como para saber que Freud y su obra son adorados por sus seguidores, especialmente los procedentes de países hispanoamericanos. De hecho, he tenido mis encontronazos con seguidores del psicoanálisis freudiano en mi papel como sindicalista. Ya os he comentado en otro artículo, que algunos compañeros sindicalistas tuvieron que denunciar a una mutua médica, porque a una de nuestras afiliadas, de profesión psicóloga, la atendió un psicólogo argentino, que para tratarle la depresión… no se le ocurrió otra cosa que hacerle un psicoanálisis freudiano.

Señores… la obra de Freud se estudia en Psicología, porque tiene su relevancia histórica, nadie lo duda, pero… está más que obsoleta y superada. De largo, vaya. No porque tenga su relevancia histórica, tenemos que considerarla vigente. Por poner un símil facilón… los cirujanos no operan con bisturíes de sílex, por mucha relevancia que para los cromañones tuviera el empleo de instrumentos cortantes de este material, ¿vale? Y si está superada es, principalmente, porque su obra, si bien contiene reflexiones interesantes y alguna que otra aportación, no tiene carácter científico, como ya denunció su compatriota Karl Popper.

No pienso permitir ni el más mínimo comentario al respecto de negar el carácter de escasa rigurosidad científica de la psicología freudiana. Los borraré de inmediato.

Aquí, mi papel como economista, consiste en poner de manifiesto las imbecilidades del “método economicista austríaco” que, ya de base y en sus orígenes, se ve influenciado (estoy diciendo influenciado, ¿eh?) por algo tan absurdamente falto de rigor científico, como el método freudiano.

5. ¿Cómo y por qué nació la escuela de Austria?

Pues nació por el motivo más tonto que os podáis imaginar.

Por despecho y como parte de la rivalidad austro-prusiana, como una desafiante respuesta (yo prefiero el término “pataleta infantil”) austríaca a la arrogancia cultural alemana.

Los prusianos (bueno, los alemanes no-austríacos) se preciaban de su elevadísimo nivel cultural, y se reían públicamente en sus boletines y publicaciones científicas, del “provincianismo” (muchas veces llamado “provincianismo aristotélico” de los atrasados austríacos, en alusión a lo primitivo de sus ideas y lo estancado de su evolución), especialmente en las nuevas áreas académicas, como el estudio de la Economía, en donde no habían dado ni un solo nombre de relieve en los últimos tiempos. “¿Y éstos son los que quierrrrren dirrrrigirrrrr la Grrrrrran Alemania? ¡Ja!”

Los intelectuales austríacos, en respuesta, crearon y desarrollaron, totalmente adrede (y prácticamente de la nada en muy poco tiempo)… una escuela de pensamiento economicista la cual, según ellos, tenía el suficiente carácter y entidad intelectual como para ser considerada por derecho propio, independiente de la tradición cultural alemana.

Hablando en plata, los autríacos respondieron como los niños chicos cuando se pelean, con algo parecido a: “¡Pues ahorrra, porrrr chulo, me declarrro independiente de ti y de nuestrrra culturrrra y trrrradisión comunes y ya no me “ajunto” contigo, ea!”

Obviamente, aquello era un disparate como la copa de un pino, y conforme los “austríacos” desarrollaban esas ideas (muy absurdas en el campo del estudio de la Economía), los prusianos y alemanes no prusianos se llevaban las manos a la cabeza cada vez que los “austríacos” abrían la boca para decir algo.

A esa pelea académica se la llamó, en alemán, Methodenstreit der Nationalökonomie (“debate sobre los métodos de la Economía”).

http://mises.org/hsofase/ch2sec3.asp

Fue una lucha (más bien pelea barriobajera académica) de debate epistemológico estrictamente circunscrita a la esfera cultural de lengua alemana entre intelectuales alemanes e intelectuales austríacos, al calor de la rivalidad austro-prusiana, reflejando en la cultura lo que había sucedido en los campos de batalla. Fue una pelea tan estúpida, que no salió de Centroeuropa. De hecho, es que no se la conoce mucho fuera de Alemania y Austria, y no tuvo relevancia académica a escala internacional. Franceses e ingleses tenían cosas mejores a las que prestar atención.

promokhudes

Bueno, pues esta pelea empezó cuando Carl Menger, el fundador de la escuela austríaca, publicó sin anestesia y “a hierro pelao” en 1883 su Untersuchungen über die Methode der Socialwissenschaften und der politischen Oekonomie insbesondere (joder con el “nombrecito”, en castellano: Investigaciones en el Método de las Ciencias Sociales con Referencia Especial a la Economía).

En ese libro, Menger sentaba las bases y métodos sociales y de estudio económico (lo que él entendía por tal) de lo que iba a constituir la “escuela de Austria”.

Cuando los alemanes leyeron aquel despropósito, se quedaron “con las patas colgando” con la sarta de tonterías que allí se decían. “Y se lió parda”. Pusieron a Menger de bonito para arriba.

Voy a intentar resumirlo muuuuy resumidamente:

-Los alemanes, capitaneados por el economista Gustav von Schmoller

http://homepage.newschool.edu/het//profiles/schmoller.htm

…defendían las ideas de Escuela Histórica Alemana,

http://homepage.newschool.edu/het//schools/historic.htm

…que era la corriente principal de pensamiento en la esfera cultural de lengua alemana: conocimiento empírico basado en datos, en un seguimiento de la Historia y la experiencia previa, con la estadística y las matemáticas como herramientas, todo ello para obtener un desarrollo de nuevas formas de mejora social a través de la colaboración institucional consciente y de mutuo acuerdo. En términos políticos, defendían un Estado del Bienestar moderno.

Carl Menger y sus discípulos austríacos defendían una nueva aproximación al estudio de las ciencias sociales, especialmente la Economía, basado en desarrollar leyes y reglas a partir de axiomas evidentes universalmente válidos (esto es, reglas válidas para todos a partir de ideas centrales inamovibles), que las matemáticas no valen para reflejar la conducta humana (la experiencia previa tampoco), y que la mejor forma de hacer las cosas era a través del individualismo y la interpretación directa de la realidad observable. En términos políticos, defendían el liberalismo y la progresiva eliminación del papel del Estado.

¿Quién ganó?

Nadie.

En un momento dado, los alemanes, literalmente hasta los cojones de debatir soplapolleces, y viendo que los otros no se “bajaban del burro” a pesar de las evidencias que les tiraban a la cara, dieron el portazo, y mandaron a los “austríacos” a “tomar por culo”. Y no dieron más contestaciones ni escribieron más artículos ni libros sobre el Methodenstreit. Consideraban que ya estaba bien de perder el tiempo con tonterías.

Es muy “curioso” que en los artículos y obras de la escuela de Austria, los autores “austríacos” aseguran que fueron ellos quienes ganaron porque, “tácticamente, los alemanes abandonaron el campo de batalla” (rehuyeron continuar la pelea).

http://www.jstor.org/pss/4545709

Traducción: los “austríacos” se quedaron solos “por pesaos”.

[Nota: no es que todo, todo, todo, absolutamente todo lo que se dijo en la obra de Menger fuera una basura. De hecho, Menger realizó un par de “descubrimientos” (así los llaman los “austríacos”, veremos en otros artículos que no son tales) a los que se agarran los partidarios de la escuela como clavos ardiendo para justificar la existencia de ésta y dar a entender que no todo lo que dicen son soplapolleces. El problema no fue ése: no es que Menger no realizara esos “descubrimientos” (me estoy refiriendo al concepto de “utilidad marginal”)… sino que no los descubrió científicamente… y no los desarrolló ni aplicó científicamente. Para más información sobre ese tema en concreto de la utilidad marginal en la obra de Menger, véase este enlace.]

Los alemanes (von Schmoller) bautizaron al conjunto de seguidores de esta nueva corriente de pensamiento como “escuela austríaca”, utilizando el término peyorativamente, como dando a entender que era una escuela minoritaria, surgida de un país atrasado y provinciano, todavía imbuido de anticuado aristotelismo, comparado con la modernidad cultural alemana. Y ahí se quedó el nombre.

Como podéis ver, ya desde un inicio se observan los elementos característicos de lo que posteriormente se considerarán claves para entender lo que es la escuela de Austria: pseudociencia, interpretacionismo, “porque yo lo valgo”, ausencia de uso de método científico, no usan las matemáticas ni así los maten, deducción, terquedad absoluta, negación de las evidencias en contra, el estudio de la experiencia previa y el cómo han sucedido las cosas anteriormente a ellos no les vale para ver cómo pueden volver a pasar… y “pesaos” en sus argumentaciones como ellos solos.

6. Resumen (humorístico) de los orígenes de la escuela de Austria.

Vamos a ver y resumir todo lo visto hasta ahora sobre los orígenes de la escuela de Austria, más claramente, con un diálogo humorístico entre Fritz y Hans, representantes antropormofizados de Prusia (Alemania) y Austria, respectivamente (¿alguien conoce el manga Hetalia: Axis Power? Pues en él me he inspirado).
promokhudes

Fritz: Jua, jua, jua… Menuda palidzsa te he dado en el campen de batalla, ¿eh, Hans? Venga, hombrrrre, pelillos a la marrr, olvidemos nuestrrras diferrrensias y únete a mí en el nuevo glorrrrioso camino hasia la patrrrria alemana, ¡ach! Ya verrrás lo bien que nos va a irrrr conmigo al manden, mein Freund. ¡Dame un abrrrrazo, tonto!

Hans: ¡A mí no me pongas las manennn endsima, niñato prrrrusiano de los cojonen! ¡Chuliten de barrrien! ¡No te las des de superrrriorr! Tú no hases ni trrrressientos años que errras una prrrrovinsia del Sacrrro Imperrrrio! No te me vennngas ahorrra con arrrmistisios y componendas! ¡Yo no quierrrrro tu edstúpida nueva Alemania parrra nada, y menos si está dirrrrigida porrrr ti, herrrreje luterrrrano! ¡Yo soy una entidad prrrropia y diferrrrensiada de tu Alemania!

Fritz: ¿Perrrro qué dises, trrrasnochado und anticuado pelele catoliquen? ¡Perrrro si errrres la misma mierrrrda gerrrrmánica que yo, payasen! ¿Ahorrra te las vas a darrrr de independiente y de diferrrrensiado? No me hagas rrreírrrr, ¡perrrro si tienes la misma culturrra gerrrrmánica que yo, begriffsstutzig!

Hans: ¡Nein! ¡Nanay de la Chinen! ¡Yo tengo mi prrrropia culturrra diferrrensiada de la tuya, con su prrrropia trrrradisión intelectual, sehr gut!

Friz: ¿Ah, sí? ¡Pues nunca había oído hablarrrr de ella! Tú nunca has estudiado una Scheisse. ¿Y en qué consiste? ¿En tomarrrr café vienés en ves de serrrrveza bávarrra? ¡Ay, que me parto de la risen!

Hans: ¡Nein! ¡No la conoses porrrque es nueva! ¡Yo tengo mi prrrropia tradisión filosófica, historrrisista, psicológica (esta es nuevessita, nuevesssita), e incluso economista!

Fritz: ¿Nueva trrrradisión economista? ¿¿¿Tú??? Perrro si te enterraste antesdeayerrr que existen los logarrritmos neperrrianos, hombrrre. ¡Esa trradisión te la acabas de sacarrrr de la manguen!

Hans: Sí,  esteeee… mmmm… está basado ennnn… ennnn… ¡ya lo tengo! Es un método totalmennnte nuevo y rrrevolusionarrrio. Conssssisste en un estudio de la Economía en base a sus implicasiones psicológicas, con la obserrrrvación dirrrecta de los fenómenos, y muy cómoden, porrrque no emplea las matemáticas (que tienen mucho achtung porque son muy difísiles). Sin nesesidad de tus esstúpidas estadísticas y experrrrimentasión naturrral y ese método sientífico que no es aplicable a las siencias sosiales. Porrrr supuesten, no nesesita de tu puto métoden historrricisita de estudio de la actividad humana.

Fritz: ¿¿¿Perrro qué me estás contandooooo??? ¡¡¡Tú estás mal de la Leiter!!! ¡¡¡Mein Gott!!! De lo que son capases algunos con tal de quedarrr como diferrrentes y no rrreconocerrr que se equivocan… ¡Esto es la rehostieeeeeen! ¡Anda y que te den, yo no me quedo a escucharrr más gilipolleses! ¡Auf Wiedersehen! ¡Ahí os quedais tú y tu… “escuela austríaca”!

Y en eso, básicamente, consistió el cómo y el por qué del nacimiento de la escuela de Austria.

Patético…

Hasta la próxima, lectores.

SELECCIÓN DE TEXTOS DEL AUTOR:

José María Gallardo

En chemazdamundi.wordpress.com

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