Sí es posible salir del Euro

Contrariamente a la opinión difundida por los medios de comunicación, la salida de la eurozona es la mejor opción para la nación. Razones económicas y políticas nos obligan a buscar lo antes posible una estrategia de salida unilateral del euro.

Es indispensable, sin embargo, la valoración de los costes y de los beneficios de una salida de la Eurozona, a fin de comprender si los segundos superan a los primeros.

Premisa

Reformar la arquitectura de la eurozona es una operación imposible y , contrariamente a lo que muchos observadores económicos sugieren, es paradójicamente más ardua en el ámbito de lo político.

La recuperación de la soberanía monetaria, incluso en el ámbito comunitario, limitaría notablemente los ingresos por rendimientos de los títulos del Estado (que como consecuencia ajustarían sus precios a las exigencias públicas). Además, permitiría la eliminación de las directivas y alianzas que la fiebre de los mercados de capitales ejerce sobre la política fiscal de la Eurozona, como por ejemplo el énfasis sobre la precarización del trabajo, el adelgazamiento del empleo público y la enajenación del patrimonio público. Por último, algunas de las medidas que expondremos -con el fin de resolver los problemas concernientes a los desequilibrios comerciales y a los diferenciales de competitividad entre los países del centro y de la periferia – hasta el momento no hay el consenso político adecuado en países que , como Alemania, han construido una posición dominante justo gracias al superávit comercial obtenido gracias a la existencia de la unión monetaria.

Y aquí radica la razón por la cual la operación de reforma resulta ardua: el tiempo y las energías empleadas para encontrar un consenso mayoritario de esta magnitud, que son sin duda contrarios a los intereses de las clases dirigentes comunitarias hasta ahora permisivas con este verdadero economicidio (de un modo más o menos consciente) jugarían en contra de las enormes masas de desempleados e indigentes creadas con la arquitectura técnico-económica que deliberadamente se ha querido generar en la determinación de las opciones que después han conducido a la formación de la Unión Monetaria.

La hipótesis de modificar o abolir ciertos tratados y organismos, el Tratado de Estabilidad o Pacto fiscal europeo y del M.E.D.E., planteada por algunos, se presenta como fruto de una visión de la realidad hasta tal punto ingenua y utópica que no merece la pena comentarlo; pero, y esta es la cuestión, nosotros no podemos permitirnos ingenuidades frente a un enemigo tan poderoso.

Permaneciendo en el euro y alimentando ilusiones como la de la “reforma de los tratados”, iríamos a la quiebra (primero) y a la esclavitud del M.E.D.E.(después), negando el futuro a los jóvenes y una perspectiva de vida digna a los mayores, borrando toda esperanza para aquellos que tienen necesidad de la intervención del Estado para poder reactivar lo que han perdido, reduciendo de hecho nuestro país a una nación del Tercer Mundo.

Por tanto, consideramos que es no sólo insensata, sino también culpable cada tentativa de reducir a meras reformas un organismo que entre sus objetivos incluye precisamente el de destruir nuestra economía: objetivo que está persiguiendo desde hace años con éxito gracias a la colaboración de una clase política acusada de connivencia y complicidad.

Incluso la hipótesis de una “salida suave” o “salida legal” (en el sentido del artículo 50 del Tratado de Lisboa) nos parece fruto de una visión de la realidad distorsionada: como venimos repitiendo, nosotros no tenemos tiempo para poner en marcha la compleja y tortuosa ruta que podría conducirnos , en teoría, a la salida del euro: entraríamos en quiebra antes.

Por todas estas razones renunciamos a proponer hipótesis de una imposible reforma de los tratados europeos y pasamos a sugerir una salida estratégica unilateral, que pasa necesariamente por un acto de autoridad del Gobierno.

Por todas estas razones que damos a proponer hipótesis imposibles de reformar los tratados europeos y pasar a sugerir una ‘. estrategia de salida ‘de un solo lado, lo que necesariamente implica un acto de autoridad del gobierno.

SALIDA ESTRATÉGICA UNILATERAL DEL EURO

Uno de los mayores problemas legales que presenta la salida del euro es la falta de un camino legal que podamos tomar para llevarlo a cabo: un elemento omitido a sabiendas por los padres de la moneda única para impedir la rotura de la unión monetaria, como claramente admitió Jacques Attali.

El artículo 50 del Tratado de Lisboa, que hemos citando anteriormente, permite efectivamente la salida unilateral de la Unión Europea, pero no existe un artículo que prevea la salida de un estado sólamente del euro.

Por tanto, la retirada de la moneda única debe configurarse necesariamente como un acto unilateral de la nación.

Con mayor razón, para los países PIGS es imprescindible trazar una estrategia de salida eficaz de la moneda única. Es fundamental, como decíamos antes, que una hipótesis de retirada de la eurozona sea cuidadosamente planificada en todos sus puntos, con el fin de evitar resultados de desorden y caos para nuestra economía ya muy debilitada.

Esta estrategia de salida prevé las siguientes etapas y puntos cruciales:

– El Gobierno, desvinculándose del Tratado de Maastricht y todaslas otras normas relacionadas con la institución del euro, debería ante todo meter sus gastos y sus ingresos fiscales en una unidad de cuenta que llamaremos  “nueva-moneda”.

– Según muchos comentaristas, semejante acontecimiento acarrearía simultáneamente la caída de la moneda única, sellando el fin del euro. Las instituciones centrales que gobiernan la circulación de divisas, principalmente el Sistema Europeo de los Bancos Centrales, estarían destinados a la disolución y los institutos nacionales de los 17 países miembros volverían a usar una unidad de cuenta propia. En tal caso, el problema principal que el nuevo Gobierno debería de afrontar estaría constituido por el conjunto de contratos que existan en euros, que al no estar vinculado a instituciones de gobierno sufrirían una brusca caída de su valor: como por ejemplo las relaciones entre deudores, préstamos e hipotecas bancarias, títulos de deuda y de capital.

– La vía más eficaz podría ser entonces el uso de la Lex Monetae, como una redenominación estatal de los contratos existentes en la nueva unidad de cuenta. La redenominación en “nueva-moneda” de los impuestos desencadenaría una demanda mínima de la moneda nacional, que el sistema bancario encontraría en cualquier caso rentable a través de los préstamos.

– En el caso de que por el contrario la retirada de nuestro país no provocase la ruptura de la unión monetaria, que consiguientemente continuaría existiendo y siendo gobernada por las instituciones centrales europeas, el nuevo Gobierno debería de afrontar una situación diferente. En este caso podría ser más eficaz la propuesta adelantada por Warren Mosler, según la cual los contratos y depósitos establecidos en euros no deberían de ser convertidos forzosamente a la nueva moneda, sino que se podría dejar este asunto a la discrecionalidad particular.

– Otro problema está ligado a las potenciales huidas de capital que podrían darse tras la salida: además ante este fenómeno estarían los temores de una devaluación excesiva de la moneda, quizás agravada por una transmisión de estos efectos a las dinámicas de inflación (lo que viene comúnmente definido como pass through por la literatura económica). Un aumento de la inflación, erosionando el valor de la moneda en banca todavía más rápidamente respecto al valor de la moneda de la moneda circulante, incentivaría a los cuentacorrentistas, a los ahorradores y a los inversores a preferir otras monedas.

– Análisis empíricos muestran sin embargo cómo en realidad los países europeos están mucho menos sujetos al advenimiento de este fenómeno – del que por el contrario sufren, por diversas razones, tantísimos países emergentes – y que, de hecho, para ellos el principal motor de la inflación durante un período determinado de tiempo se forma por la inflación registrada en el periodo anterior.

Por tanto, la idea comúnmente sugerida por los medios según los cuales una devaluación de una hipotética moneda nacional llevaría a una automática explosión de la inflación parece muy improbable.

Fuente: Arjelle.Altervista.org

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