La escuela de Austria contrastada-3

promokhudes

-Me hallo en estos momentos leyéndome los papers de los autores a los que se ha concedido el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel. En concreto, me estoy centrando en el Job Creation and Job Destruction in the Theory of Unemployment deChristopher Antoniou Pissarides y Dale Mortensen y Equilibrium Unemployment Theory (éste sólo de Pissarides). Estos economistas, juntos con el otro galardonado, Peter Arthur Diamond, son muy desconocidos para el gran público (para mí también, que conste) pero no por ello dejan de ser económetras de reconocido prestigio y han recibido el Premio por sus aportaciones al estudio de la relación entre búsqueda de empleo y el desempleo en sí.  Es decir, se les ha concedido el premio por su aportación “laboralista” a la Economía.

Y, ahora, vamos “a la manteca”.

1. Un repasito…

Vamos a hacer un repaso somero de lo ya tratado hasta ahora, que nos sirva para refrescar la memoria.

La escuela de Austria o austríaca (también llamada de Viena o escuela psicológica) es una escuela de pensamiento economicista con una serie de características muy… “particulares” y nacida en un contexto que han hecho de ella…

…la vergüenza de la profesión de economista.

Es una corriente de pensamiento ultraliberal y ultracapitalista de “estudio” (por llamarlo de alguna forma) de la Economía que predica la libertad absoluta de los mercados, el individualismo extremo (el individuo por encima de todo), la no-intervención del Estado bajo ninguna forma en la economía, que cada cual maneje su dinero como le dé la gana (laissez-faire absoluto), el no pagar impuestos, privatizarlo todo (muchos de sus autores integrantes buscan privatizar cosas como la Policía, el Ejército, la Justicia, el mar -manda huevos-, etc.), enaltece la competitividad, reniega de cualquier forma de Seguridad Social o de Economía asistencial estatal, ensalza el papel del empresario emprendedor (entrepeneur) y se declara absolutamente enemiga de todo lo que sea comunismo, marxismo, socialismo y políticas de izquierda (en líneas más generales). “Predica” más cosas, pero con eso creo que vamos sobrados para hacernos una visión de conjunto rápida.

La escuela austríaca junto con la escuela de Chicago fundaron o, mejor dicho, otorgaron “corpus teórico” e ideológico a lo que popularmente se conoce como neoliberalismo.

Como podéis observar ya desde primera hora la escuela austríaca se ha caracterizado por ser muy, muy, muy pero que muy radical en sus planteamientos. Tan radical… que entra de lleno en el absurdo.

No en vano a la escuela austríaca se la considera en el mundo académico de la Economía como… pseudociencia (falsa ciencia). Sus planteamientos, ideas, teorías y “propuestas” son tan disparatadas y falsas que el mundo académico serio le da de lado de la misma forma que la Medicina seria da de lado a la homeopatía pues como lo que es… un conjunto de chorradas sin base científica cuando no directamente falsas y dañinas. La escuela austríaca es, por poner un símil que todos podáis entender, la homeopatía de la Economía.

En estos artículos nos vamos a centrar (nos estamos centrando) en una serie de características muy inusuales que son propias de la escuela austríaca. Inusuales no sólo en el mundo de la Economía… sino en cualquiera de las facetas de estudio serio de cualquier rama del conocimiento humano.

Ya vimos en anteriores artículos cómo la escuela de Austria reniega directamente del uso del método científico y antepone su ideología política ultraliberal para hallar conclusiones y formular sus “teorías” hasta el punto de negarle uso y/o validez a las Matemáticas (y a sus ramas como la Estadística) en Economía.

En otro artículo vimos por qué se utilizan Matemáticas en Economía… y se utilizan con más que sobradas razones. Hasta el punto de que sin Matemáticas no hay Economía, vaya… así que mal estudio de la Economía va a hacer quien no utiliza las Matemáticas.

Pero es que ahí no queda la cosa, qué va, qué va… En el colmo de la desfachatez, esta escuela reniega del estudio de la experiencia previa. Sí, sí… ya sé que suena increíble, pero es que es así: para esta gente el estudio histórico de la evolución del comportamiento humano… no es determinante. Para muchos de sus autores, ni siquiera es relevante o no tiene importancia.

Resumiendo: la escuela austríaca es tan heterodoxa y está tan alejada de la “normalidad” o de la “seriedad” que si se pudiera cuantificar en medidas de longitud la distancia que la separa de otras corrientes de pensamiento economicista (o directamente de alguien de la calle) no me extrañaría que se hiciera en pársecs.

Los “austríacos” son tan radicales y están tan alejados de todo lo que es Ciencia que incluso otras escuelas de pensamiento económico liberal y conservador la tachan directamente de “patraña”.

Tras leer todo esto espero que no os extrañe a vosotros que prácticamente nunca os encontréis con artículos “austríacos” en publicaciones serias o prestigiosas sobre Economía. No es para menos. ¿A que no os habéis encontrado con artículos que aseguran que existe el Bigfoot en el National Geographic? ¿O artículos en el Journal of the American Chemical Society que den como ciertas las teorías medievales sobre la transmutación del plomo en oro? Los “austríacos” se quejan desgarradoramente de cómo son marginados adrede por los mainstream economists (economistas de la corriente principal de pensamiento) y por la “Ciencia Oficial” por razones políticas, por miedo a que sus teorías se den a conocer, porque el mundo académico está lleno de “rojos”, etc.

Vamos a ver, señores: no.

En las publicaciones serias se van a reflejar los diferentes temas tratados de manera seria, los traten “rojos” o los traten “azules”. Se intenta no publicar gilipolleces. Para eso tienen ustedes internet y los libros autoeditados.

Un alto en el camino… que este punto me gusta dejarlo lo suficientemente bien remachado en todos y cada uno de mis artículos: la escuela de Austria no sólo entra de lleno en el absurdo… sino que entra en él de manera consciente. Lo cual es la rehostia en términos de pensamiento científico… o simplemente humano. Es por ello que a la escuela austríaca sólo le hacen caso ocultistas, conspiracionistas, radicales, anarcocapitalistas, ultraliberales, gente que antepone la opinión al método científico, “alternativos” (muchos de los cuales desconocen que las teorías en las que creen provienen de esta corriente ultraliberal), etc.

Los que lleváis un tiempo siguiendo mis escritos lo sabréis de sobra pero seguramente el que entre de primeras no… Esta página web que estáis leyendo nació con la intención de desenmascarar mentiras y combatir el absurdo. Me estoy centrando en mi campo de conocimiento específico que es la Economía, porque es lo que he estudiado

En resumidas cuentas, que si estoy criticando a la escuela austríaca es…

…porque miente.

Miente de manera absurda.

Y haciendo daño. Mucho daño.

A la escuela austríaca sólo se la estudia en Ciencias Económicas por Historia. Sus planteamientos tuvieron mucho eco durante la época de la Guerra Fría (años 80) cuando fueron adoptados por sucesivos gobiernos conservadores de muchos países a lo largo y ancho del mundo como contraposición y forma de combatir de manera radical al comunismo. Y sucedió lo que sucede cuando se hace caso a un loco o a un mentiroso: el desastre. Ya trataremos en sucesivos artículos el desastroso papel que tuvo la influencia de las doctrinas “austríacas” en las políticas económicas de los países que las adoptaron.

Pero aquí y hoy, me voy a centrar, haciendo continuación de mi anterior artículo sobre la escuela austríaca, en el aspecto que más llama la atención de entre tooooodos los esperpentos que caracterizan a esta “escuela”: su rechazo del método científico.

2. De dónde viene el rechazo al método científico de la escuela austríaca.

Bueno… las cosas no surgen “porque sí”.

El odio o, mejor dicho, desprecio de los autores de la escuela de Austria por el método científico tiene un origen fruto de multitud de factores. Vamos a centrarnos en los más relevantes

Resumiendo:

-La derrota del imperio austro-húngaro ante Prusia en 1866 supone un revulsivo político y cultural y el país procede a modernizarse a velocidad de vértigo.

-Austria, hasta entonces conservadora, se liberaliza y en su metrópoli capitalina, Viena, se desarrollan y difunden nuevas y a veces radicales teorías en diversos campos de estudio académico, como la Economía y la Psicología (es la época de Sigmund Freud y su psicoanálisis)… que se influyen mutuamente.

-En el área de la Economía, área de estudio recién llegada a Austria, surge la “figura” (yo diría “el figura”, medía casi dos metros) de Carl Menger, el fundador de lo que conocemos como “escuela austríaca”. El auge de la psicología freudiana y el ansia o deseo de crear una tradición cultural propia independiente de la prestigiosísima tradición historicista alemana (como contraposición nacionalista al expansionismo prusiano-alemán, recordemos que ésta es la época del “despertar de los pueblos”), influyen en este autor para crear y desarrollar esa “nueva tradición diferenciada” en su supuesta área de estudio que era la Economía.

-De resultas de todo aquello, Carl Menger sentó las bases de la llamada por los alemanes de manera despreciativa… “escuela austríaca”. Y ahí se quedó el nombre.

Y, ahora, veámoslo con más detalle.

Carl Menger, el fundador de la escuela austríaca.

Bueno, pues este tipo no era economista, sino un abogado de buena familia nacido en el imperio austro-húngaro del siglo XIX (por aquel entonces se estudiaba lo poco que había de Economía como parte de Derecho, porque estaba en pañales como disciplina académica).

Hablando en términos ideológicos, Menger era un liberal de la época. El hombre le cogió gusto de joven a eso de escribir en periódicos liberales analizando noticias económicas y política económica. Artículos de opinión, se entiende.

Y hete aquí que, de tanto opinar sobre noticias económicas en esa época… el tipo realizó un “descubrimiento” que, desde entonces, constituyó el clavo ardiendo al que se agarran los autores “austríacos” para arrogarse un cierto prestigio o autoridad… y para justificar la utilidad de sus métodos de investigación y análisis… así como para asegurar que “ellos, aunque sean muy diferentes del resto, también tienen derecho a hablar sobre Economía”.

Carl Menger descubrió mediante sus artículos periodísticos de opinión sobre noticias de los mercados… el concepto de utilidad marginal.

2.1 La utilidad marginal. ¿Qué es eso?

Veamos unas cuantas definiciones:

Este concepto resulta crucial para la ciencia económica, tanto es así que está en la base, y ha dado el nombre, a toda una corriente de pensamiento, el marginalismo. La utilidad marginal se refiere al aumento o disminución de la utilidad total que acompaña al aumento o disminución de la cantidad que se posee de un bien o conjunto de bienes y es, matemáticamente, igual a la derivada de la curva que describe la función de utilidad a medida que aumentan los bienes a disposición del consumidor.

Cuando un individuo adquiere unidades adicionales de una mercancía la satisfacción o utilidad que obtiene de las mismas va, desde luego, aumentando; pero dicho aumento no es proporcional o constante, pues cada vez resulta menor la utilidad obtenida de la última unidad considerada. Llegará un punto en que, por lo tanto, se alcance el máximo de utilidad y, a partir de este punto, podrá haber incluso una utilidad negativa, pues unidades adicionales del bien resultarán en definitiva una molestia, produciéndose entonces una desutilidad. Es posible que a una persona le guste tener un perro, o tal vez dos o tres, pero es casi seguro que estará dispuesta a pagar para que alguien se lleve a su décimo o vigésimo perro.

Este comportamiento del consumidor queda expresado entonces en lo que se llama la Ley de la utilidad marginal decreciente, que puede ser enunciada diciendo que a medida que el consumo de una mercancía aumenta en un individuo, manteniéndose constante todo lo demás, su utilidad marginal derivada de esta mercancía decrecerá. La ley de la utilidad marginal decreciente sirve para explicar el comportamiento de la demanda: Los gastos de una persona en los diferentes bienes reflejan su escala de preferencias y el nivel de su renta; de la ley enunciada se sigue que la utilidad total, obtenida del gasto de un ingreso dado, alcanzará su máximo cuando el gasto se distribuya de un modo tal que cada unidad de gasto (unidad monetaria) determine utilidades marginales iguales para todos ellos; debido a que los precios de los bienes difieren debiera decirse, para enunciar la afirmación anterior con más exactitud, que la utilidad en realidad se maximiza cuando las utilidades marginales de los bienes son proporcionales a los precios relativos de ellos. Esta es la condición de equilibrio para el individuo, considerado como consumidor. La ley de la utilidad marginal decreciente permite entender, entonces, cómo opera la demanda de un determinado bien o servicio, pues no es la utilidad que una mercancía aisladamente produce la que determina su demanda, sino la utilidad marginal que ésta posea para él en las circunstancias concretas en que se produce su elección.

http://www.eumed.net/cursecon/dic/U.htm

Utilidad marginal es el cambio en la Utilidad total que experimenta el Consumidor a consecuencia de variar en una cantidad muy pequeña el Consumo de un determinado Bien, permaneciendo constante el Consumo de los otros Bienes.

Del concepto de Utilidad Marginal se deriva la ley de la Utilidad Marginal Decreciente.

Dicha ley postula que a medida que un individuo consume unidades adicionales de un Bien, la satisfacción o Utilidad total que obtiene aumentará, pero en una proporción cada vez menor, hasta llegar un momento en que consumir más unidades de dicho Bien le ocasionará una desutilidad, es decir, molestias.

Como ejemplo de ello, considere la gran satisfacción que brinda beber un vaso de agua fría en un día caluroso, y tal vez también un segundo vaso. Pero después de diez vasos de agua posiblemente tengamos más molestias que satisfacción.

http://www.eco-finanzas.com/diccionario/U/UTILIDAD_MARGINAL.htm

Utilidad marginal:

En la medida en que el individuo posee mayor cantidad de un bien, la utilidad que le atribuye a cada unidad del bien disminuye en relación directa al aumento de unidades del bien de que se trate. A esto se le conoce como ley de la utilidad decreciente. Por el contrario, cuando el individuo posee pocas unidades de un bien, le atribuye mayor importancia a cada una; es decir cada unidad del bien tendrá para él mayor utilidad.

http://www.mitecnologico.com/Main/UtilidadTotalYMarginal

Seguramente vosotros os estaréis diciendo… “Menuda gilipollez, ¿y eso de la utilidad marginal es TAN importante? ¡Pero si es obvio! Es más que sabido que mucho de una misma cosa acaba cansando o siendo perjudicial… que las cosas se valoran hasta cierto punto, pasado el cual pasan a dejar de ser consideradas tan valiosas y pueden ser incluso perjudiciales”.

No voy a negar que el concepto es bastante simple y más que obvio, pero su descubrimiento y sistematización supuso una revolución en el estudio de la Economía porque suponía un ruptura con lo que se creía hasta entonces en el mundo académico y era que las cosas valían siempre de por sí lo mismo (teoría clásica del equilibrio).

Efectivamente, fue un descubrimiento importante pero perogrullesco, equivalente a descubrir pues qué sé yo… que las ruedas redondas son mejores que las cuadradas para ponerlas en un vehículo, y bastante obvio, pero recordemos que estábamos en los inicios del estudio de la Economía y cualquier paso que se daba avanzando era de extrema importancia.

¿Y fue Carl Menger el único que descubrió eso de la utilidad marginal?

No.

El descubrimiento fue realizado más o menos simultáneamente en el tiempo y de manera independiente por:

-El economista inglés William Stanley Jevonsquien fue el primero en realizar ese descubrimiento en 1862 al publicar un bosquejo de la teoría de utilidad marginal en su A General Mathematical Theory of Political Economy (“Teoría matemática general de la política económica”).

Como era un señor inglés muy serio y un profesor de Lógica y de Matemáticas, desarrolló a conciencia el concepto descubierto por él en un informe publicado en 1871 bajo el nombre de The Theory of Political Economy (“Teoría de la política económica”).

-El economista suizo Marie-Esprit-Léon Walras… publicó ese descubrimiento un poco después de Menger en su Éléments d’économie politique pure, ou théorie de la richesse sociale (“Elementos de economía política pura o teoría de la riqueza social”) en 1874 como parte de una exposición matemática.

Carl Menger, austríaco, presentó su descubrimiento en 1871 en su Grundsätze der Volkswirtschaftslehre (traducido como “Principios de economía política”).

http://mises.org/Books/Mengerprinciples.pdf

http://www.eumed.net/cursecon/textos/menger/index.htm

A veces se mencionan adicionalmente a otros descubridores coetáneos, pero estos tres fueron los considerados autores de la llamada “revolución marginalista” en Economía. Los más importantes, vaya.

Vamos a ver esto más detalladamente.

Como podéis observar, el descubrimiento fue muy simple. Muy importante, ciertamente… pero muy simple. A título estrictamente personal… creo que habríamos llegado a él tarde o temprano. Y digo esto no por nada, sino por lo siguiente:

a) Si bien estos señores fueron los primeros en sistematizar el concepto de utilidad marginal (bueno, Jevons y Walras… Menger hizo “otra cosa” con este descubrimiento, lo veremos un poco más adelante), numerosísimos economistas más “primitivos” o anteriores en el tiempo comprendieron o captaron ese concepto al menos de manera intuitiva.

Porque no os vayáis a creer que los economistas anteriores a Jevons, Walras, Menger, Bates y otros de la época que nos atañe y que desglosaron este concepto… fueran gilipollas.

El concepto de utilidad marginal es tan rematadamente simple que llevaba siglos siendo comentado o mencionado. Aristóteles en su Política ya se dio cuenta en su momento de que la posesión de bienes, pasado un punto concreto de acumulación dejan de tener utilidad para su poseedor.

Galiani y Turgot, por ejemplo, ya en el siglo XVIII hablaban del valor de los productos en referencia a la escasez de éstos… y de la utilidad para su poseedor. Y multitud de otros estudiosos y economistas hicieron notar este concepto a lo largo de los siglos (Ibn Jaldún, Genovesi, Bonnot, Ortes, Cesare di Beccaria, Carli, Wateley, Bernoulli, Cramer, Forster Lloyd, John Law, Nassau William Senior, Dupuit, Gossen, etc., etc.).

Adam Smith terminó por dejar muchísimo más claro este concepto al ilustrarlo con la llamada “paradoja del agua y los diamantes o “paradoja del valor” (si bien fue utilizada bajo diferentes formas por autores más “filosóficos” y menos “economistas” como Copérnico o Locke):

Ahora procederé a examinar las reglas que los hombres observan de manera natural en el intercambio de bienes por dinero o de unos por otros. Estas reglas determinan qué puede ser llamando lo relativo o el valor de intercambio de los bienes. La palabra valor, hay que hacerlo notar, tiene dos significados diferentes, y a veces expresa la utilidad de algún objeto en particular, y a veces el poder de adquirir otros bienes que la posesión de ese objeto conlleva. El primero puede ser llamado “valor de uso”, el otro, “valor de intercambio”. Las cosas que tienen el mayor valor en uso tienen frecuentemente poco o ningún valor de intercambio. Por el contrario, aquellos que tienen el mayor valor de intercambio tienen poco o ningún valor de uso. Nada es más útil que el agua: pero no se puede adquirir nada escaso con ella; cualquier cosa escasa puede ser intercambiada por ella. Un diamante, por el contrario, no tiene prácticamente ningún valor de uso; pero una gran cantidad de otros bienes pueden ser intercambiados por éste.

Es decir, que los economistas antiguos eran más que conscientes de que las cosas valían no sólo por su utilidad intrínseca sino también según por lo que las personas que poseían ese bien consideraran de utilidad para ellos. Y eso estaba relacionada con lo escasas que fueran las cosas, claro está (cuando haga la crítica a esa tontería del “Proyecto Venus” de Fresco ya hablaré de todo esto, ya… que se van a cagar sus “partidarios”).

Lo que quiero decir por si no se me entiende… es que el llamado descubrimiento de la utilidad marginal, pues no fue para tanto en términos de “novedad”. Así que si os viene un “austríaco” diciéndoos pomposamente que su “escuela” fue de las primeras en descubrir el concepto de utilidad marginal y en participar de la llamada “revolución marginalista” y que por eso merece respeto y un tratamiento digno y que se les escuche por cojones, le miráis como al que se presenta con una antorcha diciendo que él fue de los primeros en descubrir la luz, le enseñáis el sol, una bombilla o la luz de vuestro teléfono móvil, le dais una palmadita en la espalda y le decís… “llevas varios siglos de retraso, yo ya entendía el concepto y la luz ya nos las habían descubierto otros también y de mejores formas pero… gracias, ¿eh?”

b) Fijaos en que el concepto es tan genérico… que se “descubrió” prácticamente de manera simultánea e independiente por varios economistas que realizaron ese descubrimiento sin tener contacto entre ellos… Que ni Jevons, ni Walras ni Menger se influenciaron mutuamente.

¿Qué quiere decir esto?

Que el concepto es simplísimo y lo podía descubrir cualquiera a nada que “rascara” o “investigara” muy, muy poco. De hecho, es que la utilidad marginales observable directamente y analizable sin apenas esfuerzo. Ahí precisamente es donde radica el problema con la escuela de Austria y su forma de investigar, ahora trataremos eso en un apartado específico.

2.2. ¿Dónde reside entonces la aportación de la “revolución marginalista”?

Bueno, pues la teoría marginalista (o de la utilidad marginal) viene a decir que el precio al que un bien se comercializa viene dado no por cuánto trabajo haya costado producirlo, ni por cuán útil sea de por sí (utilidad total), sino que el precio está determinado por la utilidad marginal.

La utilidad marginal de un bien es el uso de menor importancia que a ese bien le conceda una persona.

Explicando la paradoja del agua y los diamantes, los marginalistas dicen que lo que importa no es la utilidad total del agua o de los diamantes, sino la utilidad de cada unidad de agua o de diamantes. Es cierto, como decía Adam Smith, que la utilidad del agua es de importancia vital para las personas (sin agua no se puede vivir). Sin embargo… hay tanta agua en el mundo que la utilidad marginal del agua es baja.

Es decir, que los marginalistas supieron explicar la paradoja del agua y los diamantes, no sólo exponerla.

A ver… por cada unidad adicional de agua (pongamos un vaso de 33 cl) que esté disponible para una persona, esa persona le aplicará a esa unidad usos cada vez menos “urgentes”.

En un día de verano muy caluroso y estando sediento, el primer vaso de agua fresquita es vital. Nos lo vamos a meter entre pecho y espalda seguro, seguro. Probablemente hagamos lo mismo con el segundo y tercer vaso, pero… conforme tengamos más y más vasos de agua… llegará un punto en el que, satisfecha nuestra necesidad más urgente (beber, para saciar la sed y mantener nuestra vida), empecemos a hacer otras cosas menos urgentes con esos vasos de agua a nuestra disposición:

-echarnos agua encima para refrescarnos; una vez cumplido eso…

-regar una planta; una vez cumplido eso…

-limpiar o fregar; una vez cumplido eso…

-llenar una pistola de agua y liarnos a “tiros de mojar” con nuestros amigos.

Bueno, esa sucesión es un ejemplo, y depende de la utilidad marginal de cada persona que no es la misma para todos. Hay gente que no necesitará refrescarse, otra que no tenga plantas que regar, etc. Lo que dice esta teoría de la utilidad marginal es que es la importancia en términos de urgencia que una persona le conceda a un bien lo que cuenta. Obviamente, cuando estamos sedientos estamos dispuestos a pagar una burrada por el primer vaso de agua pero conforme tengamos satisfechas nuestras necesidades más urgentes cada vez estaremos dispuestos a pagar menos… porque tendrá menos utilidad para nosotros.

De esta manera, el valor del agua desciende conforme aumenta el suministro o disponibilidad de agua.

¿Hasta ahí claro?

Por el contrario, los diamantes están muuuucho menos disponibles. Su suministro es mucho menor. Tan baja es su disponibilidad que la utilidad de cada diamante es mayor que la de un vaso de agua, cuya disponibilidad es tremendamente abundante (es mucho más fácil obtener un vaso de agua que un diamante). Es por eso que los diamantes son más valiosos para las personas, que están dispuestas a pagar un precio más alto por un diamante que por un vaso de agua, y es por lo que los vendedores de diamantes exigen un precio más alto por un diamante que por un vaso de agua.

De la misma forma, la utilidad no es constante para una persona. Alguien que se quede encerrado en Las minas del rey Salomón, rodeado de diamantes pero sin una gota de agua estará más que dispuesto a cambiar todos esos diamantes por un vaso de agua transcurrido el tiempo oportuno (¿habéis leído la novela? Eso mismo les sucede a los protagonistas, y es un claro ejemplo de advertencia moral sobre la codicia).

Como podéis observar, los marginalistas no se limitaban a constatar el hecho de que el agua valía menos que los diamantes sino que explicaban por qué el agua valía menos que los diamantes. Ésa es su aportación. Importante, pero simple, insisto.

Ahora bien… el que Menger, el fundador de la escuela “austríaca” realizara un descubrimiento obvio… no es excusa alguna para tener que tragar con todo lo que nos trajo después…

3. Si tan importante fue este descubrimiento de la utilidad marginal, ¿dónde reside el fallo de Menger y, por ende, de la “escuela austríaca”?

En que no realizó ese descubrimiento de manera científica ni lo aplicó de manera científica.

Y de ahí vienen tooooodos los problemas con la “escuela austríaca” y con su “metodología”.

Mientras que Jevons y Walras explicaron el concepto de utilidad marginal empleando informes científicos y utilizando herramientas matemáticas comopruebas (estadística y formulación matemática, principalmente), la explicación de Menger consistió principalmente en un galimatías de índole “opinionista” y “psicológica”. Jevons y Walras utilizaron “numeritos” y “pruebas” y Menger, “palabritas” y “ejemplos”.

.

3.1. Explicación matemática de la utilidad marginal.

Supongamos que un consumidor racional (uno “normal”, o “medio”, que no esté chiflado) debe decidir gastar su ingreso disponible (“presupuesto”) entren bienes con algún criterio de optimización (obtener la máxima satisfacción con el presupuesto disponible). Normal y lógicamente reflejamos de manera matemática ese deseo de máxima optimización asumiendo la existencia de una función escalar U para cada consumidor definida sobre el conjunto de combinaciones de n bienes que mide la utilidad o satisfacción total U(c) que obtendrá el consumidor después de haber consumido una combinación de bienes dada por las cantidades (q1,…,qn):

Es decir, que se puede obtener una satisfacción óptima de resultas de combinar el gasto o consumo de diversos bienes dentro de nuestro presupuesto.

En esas condiciones se define la utilidad marginal asociada al bien i como el aumento de la utilidad total al consumir una unidad adicional del bien i.

Es decir, que la utilidad marginal de un bien en concreto es cuánto aumenta nuestra utilidad total si aumentamos nuestro consumo del bien en una unidad (si tengo ocho vasos de agua, ¿en cuánto aumenta mi satisfacción-utilidad total si obtengo un vaso más?).

Vamos a verlo con un ejemplo:

Si tengo 0 vasos de agua de 33 cl cada uno, calificaré subjetivamente esa posesión de 0 vasos de agua como… nada, lógicamente. No tengo vasos, no estoy dispuesto a pagar un céntimo por lo que no está disponible; esa situación no es “valiosa” para mí.

Si tengo 1 vaso de agua, le otorgaré una utilidad de 9. Esa utilidad es totalmente subjetiva. Le he puesto 9 como le podía haber puesto 37,5, es algo así como una puntuación que le otorgo al hecho de tener un vaso de agua, ¿entendéis? Estamos tratando de cuantificar lo que normalmente no se puede cuantificar (nuestra satisfacción con el consumo de bienes). Normalmente esas “utilidades personales” se miden o se intentan “cuantificar” mediante lo que estoy dispuesto a pagar por esos bienes (imaginaos que son 9 céntimos de euro).

Si obtengo un vaso de agua más (van 2), le otorgo una utilidad personal de 20.

Si obtengo un vaso de agua más (van 3), le otorgo una utilidad personal de 29.

Si obtengo un vaso de agua más (van 4), le otorgo una utilidad personal de 36.

Si obtengo un vaso de agua más (van 5), le otorgo una utilidad personal de 41.

Si obtengo un vaso de agua más (van 6), le otorgo una utilidad personal de 44.

Si obtengo un vaso de agua más (van 7), le otorgo una utilidad personal de 45.

Si obtengo un vaso de agua más (van 8), le otorgo una utilidad personal de 45.

Si obtengo un vaso de agua más (van 9), le otorgo una utilidad personal de 44.

Cantidad Utilidad Marginal Utilidad Total
0 0
1 9 9
2 11 20
3 9 29
4 7 36
5 5 41
6 3 44
7 1 45
8 0 45
9 -1 44

Como podéis observar, conforme voy acumulando vasos de agua en mi posesión, llega un punto (vasos 7 y 8) en el que digo “¡basta! ¡Ya no necesito más vasos de agua!” o “empiezo a no saber qué hacer con tanto vaso de agua”, y por un vaso posterior al 7 (el 8) sólo estoy dispuesto a concederle la misma puntuación que teniendo 7 e, incluso, pasado ese punto de tener 8 vasos, le concedo una puntuación cada vez menor al hecho de poseer un vaso de agua más.

Observad una cosa bien curiosa… conforme voy aumentando en mi posesión un número cada vez mayor de vasos de agua, llega un momento en que,si bien mi satisfacción-utilidad total aumenta con cada vaso sucesivo que poseo, ese incremento de satisfacción es cada vez menor con respecto a la última adquisición.

Llega un momento, incluso, en que mi la utilidad total empieza a disminuir de tanto poseer el bien en cuestión.

¿Cómo lo puedo ver empíricamente aunque le esté concediendo valores subjetivos a la acumulación de esos bienes?

Con 0 vasos, no hay utilidad ni satisfacción que valga.

Con 1 vaso, tengo una utilidad total de 9 y una utilidad marginal de 9 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 0 vasos en 9). (9-0 = 9).

Con 2 vasos, utilidad total de 20 y utilidad marginal de 11 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 1 vaso en 11). (20-9 = 11).

Con 3 vasos, utilidad total de 29 y marginal de 9 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 2 vasos en 9). (29-20 = 9).

Con 4 vasos, utilidad total de 36 y marginal de 7 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 3 vasos en 7). (36-29 = 7).

Con 5 vasos, utilidad total de 41 y marginal de 5 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 4 vasos en 5). (41-36 = 5).

Con 6 vasos, utilidad total de 44 y marginal de 3 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 5 vasos en 3). (44-41 = 3).

Con 7 vasos, utilidad total de 45 y marginal de 1 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 6 vasos en 1). (45-44 = 1).

Con 8 vasos, utilidad total de 45 y marginal de 0 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 7 vasos en 0). (45-45 = 0).

Con 9 vasos, utilidad total de 44 y marginal de -1 (he “incrementado” mi satisfacción con respecto al hecho de tener 8 vasos en -1). (44-45 = -1). De hecho, aquí empieza a decrecer la utilidad total: empieza a ser más negativo, perjudicial o inútil para mí el hecho de poseer (o adquirir) cada vez más vasos de agua.

Así demostramos empíricamente la utilidad marginal en una sucesión de acumulación de bienes. Restando a la puntuación total que estoy dispuesto a conceder a cada incremento en una unidad del bien, la puntuación que le otorgué anteriormente al hecho de tener una unidad menos.

Expresándolo gráficamente para que lo veáis más claro (la gráfica de arriba representa la utilidad total o UT y la de abajo, el resultado de representar la progresión de la utilidad marginal o UM)…

Punto de saturación es el punto donde yo me empiezo a “saturar” de poseer esos bienes y tras él sólo concedo la misma utilidad o menor al hecho de  incrementar el número de bienes, y punto de inflexión es el punto donde se indica que la tendencia del incremento de mi utilidad marginal alcanza su máximo (y normalmente empieza a decrecer después).

Pregunta: si tuviera muy poco dinero, ¿cuál sería la cantidad óptima de vasos se agua que podría comprar? En otras palabras, ¿cuál sería el mínimo de vasos de agua que podría adquirir para obtener el máximo de utilidad?

Respuesta: con dos vasos tengo el máximo aprovechamiento posible (o satisfacción-utilidad). Suponiendo que cada vaso de agua valga lo mismo en la tienda, dos es la menor cantidad posible para adquirir con la mayor utilidad proporcional (utilidad marginal)… para mí, que soy quien le ha dado ha estimado los valores de utilidad total a cada cantidad de vasos de agua. Ya dependerá de mi presupuesto si me puedo permitir el comprar hasta dos vasos de agua o no… pero lo más óptimo o eficiente para obtener la máxima satisfacción con los datos suministrados sería poder comprar dos.

Con 2 vasos obtengo la mayor utilidad marginal de toda la tabla. Es lo que me es más “aprovechable” de adquirir… y demostrado de manera empírica.

Es por eso que decimos que la utilidad marginal es el incremento de la utilidad total (U) del bien (con respecto a otro anterior, se entiende) dividido por el incremento del número de bienes.

Si admitimos que el bien i puede ser infinitamente divisible, la utilidad marginal u viene dada por:

A ver: utilidad marginal es igual a restar la utilidad total que le concedo a tener una cantidad de bienes (por ejemplo 2 vasos de agua) de la utilidad total que le concedí a un número menor de los mismos bienes (por ejemplo, 1 vaso de agua) dividido por el número de bienes.

Recordemos que la función de utilidad no es directamente medible y es subjetiva, es decir, depende de forma caprichosa de los gustos y deseos de cada consumidor. Diferentes consumidores obtendrán satisfacciones o utilidades diferentes de la misma combinación de bienes, según sea esta combinación más o menos acorde a sus gustos y deseos.

Dicho de otra forma más simple…

Asumiendo el análisis del bien “X”, la utilidad marginal es la variación de la utilidad cuando se incrementa en una unidad el consumo del bien “X”. Si los cambios en el consumo del bien “X” son infinitamente pequeños, la utilidad marginal de “X” (Umgx) se define con la siguiente expresión matemática:

Umgx = δ U / δ Xi

(Incremento de la utilidad partido incremento del número de bienes).

Viéndolo de otra forma más completa…

Bajo un caso especial en el que pudiéramos cuantificar la utilidad, el cambio en la utilidad de pasar del estado S1 al estado S2es:

Es decir, el incremento de la utilidad depende del incremento del estado S2con respecto al S1 (se resta el incremento que supone S2respecto a lo que constituía el primer estado de situación, S1). Esto es obvio, ¿no?

Si S1y S2 son diferenciables por valores de tan sólo una variable que ya está en sí misma cuantificada (p.e., un vaso de agua), entonces ya es posible hablar de un ratio de utilidad marginal del cambio en esa variable de acuerdo al tamaño del cambio.

…donde “c.p.”indica que la única variable independiente que cambia es

Asumimos que:

Es decir, que sabiendo que… …es una función basada en valores reales (y cuantificables) y que 0 es un número real, esta expresión significa que el límite de la función del incremento de las unidades cuantificables (conforme el incremento de  se aproxime a 0), es igual al resultado de la división del incremento de la utilidad dividido por el incremento de la unidad del bien . Siendo  la única variable independiente que cambia, recordemos.

Bueno, pues teniendo ya la función bien definida, utilizamos la “utilidad marginal” para referirnos a una derivada parcial, con lo cual obtenemos tenemos que:

…y así logramos averiguar que la disminución de la utilidad marginal se corresponde de igual manera que con:

.

3.2. ¿Cómo explicó Menger la utilidad marginal?

Pues Menger “pasó” del tema de la formulación matemática y se pasó páginas y páginas de su obra poniendo ejemplos y hablando de la naturaleza humana.

Aquí tenéis su obra más “famosa”, os la leéis si queréis. Advertencia: es bastante larga, por no decir que es un auténtico “ladrillo”.

No es que todo lo que dijo en su obra fuera un disparate, pero sus conclusiones fundamentales las alcanzó mediante una metodología disparatada ya en su misma “esencia”: el subjetivismo.

¿Por qué no utilizó formulación matemática ni demostraciones empíricas? Porque no le salió de sus austríacos cojones.

Menger encontraba molesto e irrelevante el probar y, sobre todo, recomprobar mediante las Matemáticas (y, por asociación, el método científico) las conclusiones a las que él llegaba mediante su subjetivismo, su “opnionismo”, y su observación directa en busca de las leyes universales “esenciales” inherentes al comportamiento humano.

Qué curioso.

Su “método” le permitía explayarse en profundidad pudiendo derivarse en cualquier momento hacia cualquier área “interesante” (la política, la Filosofía, la Psicología, por ejemplo) mientras que las Matemáticas, según él, constriñen y se centran demasiado en el tema en concreto.

Qué curioso.

Estas citas que os pongo a continuación provienen del enlace “pro-austríaco” por excelencia, la página oficial del Instituto Ludwig von Mises:

La concepción de la teoría económica de Menger era “esencialista”, aparentemente fundada en la metafísica aristotélica. […] Buscando la “esencia” de las relaciones económicas, Menger buscaba a su vez las características necesarias de estas relaciones, cuyos rasgos deben estar presentes en la misma naturaleza de las relaciones mencionadas. De esta manera, Menger proponía describir las leyes exactas que gobernaban los fenómenos económicos: no leyes de precisión matemática, sino leyes que devinieran necesariamente de la esencia natural de los factores tratados, y así fueran verdaderas invariablemente a través del tiempo y del espacio.

[…]

El esencialismo de Menger tuvo otra importante implicación en su aproximación a la Economía, que constituyó la base de su rechazo de los métodos matemáticos y la mutua determinación de las variables económicas. Menger escribió a Walras, cuyo marginalismo expresó completamente mediante notación matemática:

Nosotros no estudiamos simplemente las relaciones cuantitativas sino también la naturaleza [o esencia] de los fenómenos económicos.¿Cómo podemos alcanzar el conocimiento de todo esto (es decir, de la naturaleza del valor, la renta, el beneficio, la división del trabajo, el bimetalismo, etc.), por métodos matemáticos?

Schumpeter [Nota: otro autor “austríaco”, pero un poco más serio, aquí le critican sus “cortedades”, según otros “austríacos”], falló en ver más allá del marginalismo de los austríacos y dentro de su subjetivismo, hablando comprensiblemente de la “defectuosa” técnica de los austríacos y su incapacidad para “entender el significado de una serie de ecuaciones simultáneas”. La ausencia de formulaciones matemáticas, sin embargo, no fue de ninguna manera por ignorancia. No sólo recibieron formación sólida en Matemáticas los estudiantes del sistema de “gymnasium” en la vieja Austria, sino que Menger también provenía de una familia especilmente inclinada hacia las Matemáticas. Completamente conocedores de las técnicas matemáticas, los austríacos las rechazaron explícitamente por razones metodológicas.

Lo dicho: para mear y no echar gota, vamos… Hay que ser CABRÓN para decir eso.

Voy a realizar varios comentarios a esta apología “austríaca” en defensa del “subjetivismo”, el “esencialismo” y que “de verdad que los austríacos conocen las Matemáticas, lo que pasa es que no las usamos porque no valen, de verdad que sí”.

Pero vamos a repetir algunos conceptos para “recordarlos”.

Hay un pequeeeeeeeeño “problema” con todo lo que estáis diciendo, “austríacos”.

1) Si de verdad existen leyes universales atemporales (“esenciales”) dentro de la Economía…

…¿cómo coño tenéis la grandísima desvergüenza de decir que no son demostrables, recomprobables o descriptibles mediante las Matemáticas?

Es que es de residentes de institución mental, vaya.

Si hay un conjunto de características inmutables y esenciales en cualquier cosa, ya sea un comportamiento humano, DEBERÍAN DE PODER SER DESCRITAS O RECOMPROBABLES MEDIANTE LAS MATEMÁTICAS…

…ya sea con la formulación matemática o la simple y jodida estadística.

Si una cosa sucede siempre es susceptible de ser descrita matemáticamente.

Si sucede en la mayoría de las veces, debería ser demostrable (o comprobable) ese hecho mediante la Estadística.

Así que una de dos… o no existen esas leyes de las que habláis… o estáis mintiendo diciendo que las habéis demostrado pero que no se pueden demostrar objetivamente.

Que ya tiene cojones decir semejante barbaridad.

2) Eso de que los autores “austríacos” tenían una sólida formación en Matemáticas pero que no las usaban porque no les servían… suena a y es un cuento chino.

Si bien es cierto que Menger en concreto había estudiado algo de matemáticas estadísticas en su formación como abogado, la inmensa mayoría de ellos no tenía, tienen o tendrán ni puta idea de formulación matemática. Lo que incluía a Menger. Las Matemáticas que estudiaban los austríacos en el “Gymnasium” eran de risa comparadas con las que estudiaban sus rivales prusianos.

¿Cómo podemos decir eso?

Hoy sabemos que Menger llegó incluso a tachar las gráficas estadísticas de su informe de presentación, el llamado Principios de economía donde se explayaba en el concepto de utilidad marginal… porque no las consideraba necesarias ni útiles para su explicación.

Según Emil Kauder 1965, p. 76 [Nota: en su A history of marginal utility theory] (citado por Mirowski, 1989, p.260), Menger “tachó” esta gráfica en su copia de autor, al parecer por no estar muy contento con este tipo de “interpretación semi-matemática”.

http://www.philo.umontreal.ca/documents/cahiers/Lagueux_on_value.pdf

Ya podéis ir empezando a ver aquí el desprecio a las Matemáticas tan particular de la escuela austríaca (y eso que Menger se ganó la vida enseñando estadística al príncipe Rudolf de los Habsburgo).

.

Además, la presentación de su Grundsätze tiene dos elementos fundamentales por los cuales ya podemos empezar a ver cómo las gastan los “austríacos”:

1) El “colega” se lía a escribir y a escribir no ya sobre Economía en sí, sino que larga lo indescriptible para tratar de explicar por qué se espera de los individuos que prioricen entre posibles usos y después empleen la utilidad marginal para decidir entre las diferentes opciones. El individuo esto, el individuo lo otro… su comportamiento para arriba, su comportamiento para lo otro…

2) Aunque Menger utiliza en su exposición ejemplos que describen el carácter cuantitativo de la utilidad… sus conclusiones esenciales no reflejan ese carácter cuantitativo.

¿Qué quiere decir eso?

Que a Menger le importaba un pimiento la cuantificación empírica y matemática. El tipo creía haber descubierto una nueva forma de “estudiar Economía” mediante el estudio directo del comportamiento humano en exclusiva.

Es decir, a Menger ya desde primera hora lo que le interesa prácticamente en exclusiva es el factor psicológico de la Economía, no la demostración empírica de ninguna teoría.

3) Menger alucinó en colores al creer que había logrado encontrar OTRA forma distinta del método científico de demostrar las cosas de una forma fácil y divertida, que le permitía enlazar un tema tras otro…

divagando

y hablando de lo que a él le gustaba…

…sin tener que tomarse el esfuerzo de probar y formular las cosas de forma y manera que cualquier otro pudiera recomprobar que le salían como él pretendía demostrar. Que es por lo que se usa Matemáticas en Economía: por seriedad, eficiencia… Y PORQUE TODOS LOS DEMÁS QUE VENGAN Y ESTUDIEN TU CONCLUSIÓN PUEDAN RECOMPROBAR POR SÍ MISMOS QUE SUCEDE COMO TÚ ASEGURAS.

Lo que Jevons y Walras tardan en explicar y demostrar en apenas unas cuantas páginas mediante formulación matemática, Menger emplea un “tochazo” de páginas y más páginas para hablar del comportamiento y la psicología humana.

No en vano se llama también a la escuela austríaca, “escuela psicológica”. Recordemos la influencia que tuvo la naciente Psicología (especialmente la freudiana, que fue contemporánea y nació en el mismo sitio) en la evolución de la “escuela austríaca” de Economía).

A ver… entendedme, no es que la Psicología no tenga su importancia en Economía. La Psicología seria tiene mucha importancia en el estudio de la Economía.

La seria.

No el psicoanálisis freudiano.

El problema de Menger y el de la escuela austríaca es que “se pasan siete pueblos” y descansan exclusivamente sobre explicaciones de índole psicológica (con tonos freudianos) para explicar absolutamente todo lo concerniente a la Economía, llegando al extremo de caer en fundamentaciones no basadas en pruebas empíricas, sino en… “opiniones”. Es decir, que anteponen la explicación exclusivamente psicológica a la científica (de hecho, es que ni llegan a emplear la científica, “no les gusta”, como ya hemos visto con Menger). Y ni siquiera es una explicación psicológica seria. Como dicen Caplan y Krugman sobre la escuela de Austria… el problema con esta gente reside en su “fanatismo psicologicista” y en sus explicaciones no con pruebas sino mediante la “observación directa” y el “porque yo lo valgo y lo pienso así”.

¿Acertó Menger con la utilidad marginal? Sí. Pero prácticamente por casualidad. Y porque es un concepto muy simple… Menos mal que se le ocurrió “observarla” con casos muy generales mediante la compra y venta de trigo y caballos en un entorno civilizado y no la observó en la necesidad de comer de un bulímico en mitad de una hambruna africana, que si no, habría “observado” que el bulímico sigue concediendo el mismo valor a una ronda tras otra de tapas de callos a la madrileña. Y como el tipo descubrió la utilidad marginal mediante “observación” ya, según él, con la simple observación bastaba para descubrir las cosas en Economía.

Es por eso que muchos de vosotros, los que tengáis más “cultura económica”, habréis notado que no se menciona a Menger en muchos de los libros sobre Economía (especialmente ingleses y franceses) como uno de los descubridores del concepto de utilidad marginal y sólo mencionan a Jevons y a Walras.

¿Por qué no mencionan a Menger?

Porque muchos no lo consideran un descubridor “serio” o “de pleno derecho”.

¿Por qué ahora sí aparece?

Por varios motivos:

a) Menger y los primeros “austríacos” no fueron tan payasos como posteriores “tandas” formadas por von Mises y Rothbard e incluso por Hayek, que soltaban verdaderas burradas por la boca. Menger y los primeros “austríacos” todavía tenían a cuestas una formación sólida en campos variados (Menger era abogado), y no se les notaba la “locura” tan característica de posteriores generaciones que ya habían “bebido” tanto de los primeros “austríacos” que se acabaron “emborrachando” de ésta… y “desarrollaron” posteriormente su metodología particular a partir de lo que estos “pioneros” formularon en primer lugar. Del granito anticientífico de Menger… se acabó haciendo una verdadera montaña de salvajadas anticientíficas y absurdas a más no poder.

b) La Economía, en los tiempos de Menger estaba por desarrollar y por aquel entonces no se les distinguía muy bien de los economistas serios. Sólo los calaron como los auténticos payasos que son los economistas alemanes de la época, probablemente porque hablaban la misma lengua que los austríacos (el alemán) y pudieron conocer sus “teorías” de primera mano y sin cortapisas mientras que los economistas anglófonos y francófonos no conocían bien su lengua y se encontraban con traducciones, muchas de ellas ya comentadas.

Ya vimos en anteriores artículos que cuando Menger publicó sus teorías en 1883 bajo el nombre de Untersuchungen über die Methode der Socialwissenschaften und der politischen Oekonomie insbesondere (Investigaciones en el Método de las Ciencias Sociales con Referencia Especial a la Economía), los economistas e intelectuales alemanes se le echaron al cuello y lo pusieron como un trapo, por la sencilla razón de que Menger lo que decía en esa obra era una auténtica sucesión de disparates anticientíficos disfrazados de jerga intelectualoide.

A esa pelea académica se la llamó, en alemán, Methodenstreit der Nationalökonomie (“debate sobre los métodos de la Economía”), o Methodenstreit a secas.

También vimos que aquel “debate” no salió de Centroeuropa debido, principalmente a su cualidad de absurdo y al hecho de que fue, esencialmente, un debate cultural en alemán.

Los alemanes, en un momento dado, mandaron a los austríacos “a tomar por culo”, y cerraron el debate al no seguir contestando las gilipolleces de los alpinos, con lo cual el debate no tuvo tampoco el tiempo ni la repercusión necesarias como para darse a conocer fuera de la esfera cultural germanófona. Muchos intelectuales economicistas que lo “fliparon” con la metodología “austríaca” (especialmente estadounidenses) simplemente nunca llegaron a saber que esas chorradas habían sido rebatidas ya desde primera hora.

c) Los neoliberales actuales han hecho mucho hincapié y esfuerzo político (propaganda) porque ese autor aparezca en los libros de Historia de la Economía. “Es su derecho”, afirman. “Y queréis tener prestigio al hacer ver como descubridor de la utilidad marginal a uno de los fundadores de vuestra escuela favorita, aunque haya hecho el descubrimiento de cualquier manera”, añado yo.

d) Si os fijáis bien, los libros que más hincapié hacen en el papel de Menger como “descubridor” de la utilidad marginal son principalmente los escritos por liberales y conservadores.

.

4. “Bueno, pero aunque lo descubriera de malas maneras, lo descubrió y eso es lo que importa, ¿no?”

Pues no. Importa y mucho el que las cosas se descubran de “buenas maneras”.

Vamos a poner un ejemplo que todo el mundo pueda entender.

Imaginaos una enfermedad como “la enfermedad del sueño”, que es causada por la picadura de la mosca tsé-tsé (o la “tsétsé”, a secas, tse significa “mosca” en tswana, un idioma sudafricano).

La mosca tsé-tsé es hematófaga (consume sangre de vertebrados) y puede llegar a transmitir mediante su picadura unos parásitos conocidos comotripanosomátidos, que son los causantes de la tripanosomiasis humana africana, también conocida como enfermedad del sueño, una enfermedad de tipo neurológico y que recibe su nombre más común (“enfermedad del sueño”) porque puede causar en sus estadios más avanzados el que la persona que ha sido infectada por los parásitos, duerma muchísimo. Dejada sin tratar, puede llegar a causar la muerte.

Vamos a estudiar dos formas posibles de averiguar que esta enfermedad es causada por la mosca tsé-tsé.

Un brujo anónimo de tribu africana durante la Edad Media en Europa, que ve cómo su población es diezmada por esta enfermedad, acaba por observarde tanto atender a sus convecinos que sólo se ven afectados por ésta aquellos a quienes pica la mosca.

Un científico médico que atiende a los afectados por la mosca, Sir David Bruce, descubre también a principios del siglo XX que es la mosca la que causa la enfermedad mediante su picadura, también por observación.

Pero mientras que el brujo atribuye la enfermedad a una diversidad de factores como que la mosca está maldita o que es un castigo de los dioses o una venganza de un hechicero rival y se pone a danzar, cantar y hacerles beber pociones de jugo de lagartija a sus “pacientes” para ahuyentar a los supuestos malos espíritus que han entrado en sus cuerpos a través de las moscas… el señor Bruce se pone a estudiar a la mosca utilizando principios científicos y acaba por descubrir que la mosca no es la causante directa de la enfermedad, sino la presencia en su interior de los tripanosomátidos, que entran en la sangre de los huéspedes humanos a través de la picadura de la mosca y que ésta ha obtenido de picar previamente a animales salvajes infectados. Ese último descubrimiento, permitió a diversos y posteriores científicos médicos ponerse manos a la obra para combatir mediante medicamentos cada vez más eficaces, la infección de estos parásitos.

Tanto el brujo como el doctor Bruce descubrieron que la enfermedad del sueño era causada por la picadura de la mosca tsé-tsé… sin duda.

Pero… ¿quién tuvo más mérito? ¿El brujo o el doctor?

El doctor, obviamente.

¿Quién lo hizo mejor y cuál actuación tuvo más beneficio?

La del doctor, obviamente.

El doctor fue quien realizó el descubrimiento de manera seria y con repercusiones útiles (soluciones eficaces)… aunque lo hiciera siglos después que el brujo. Es por eso que el “descubrimiento” de la enfermedad o como queráis llamarlo, se le atribuye más al científico que al hechicero (suponiendo que hubiéramos llegado a conocer su nombre), aunque sepamos a ciencia cierta que los brujos de las diferentes tribus y naciones del África negra descubrieron físicamente antes la enfermedad.

Es por eso que se utiliza el método científico en la investigación de prácticamente todas las áreas de conocimiento humano.

Bueno, pues con el “descubrimiento” de Carl Menger del concepto de utilidad marginal sucede lo mismo. Como descubrirlo lo descubrió, sí.

El problema es que lo descubrió de tan malas maneras al no realizarlo de manera científica sino con “brujería económica” que creó más perjuicio que beneficio.

.

5. Repercusiones de la forma de descubrir el concepto de utilidad marginal tal y como lo hizo Carl Menger.

Como el tipo descubrió el concepto de utilidad marginal sin necesidad del método científico, sino por medio de la simple y llana observación directa (a través de los comentarios que realizaba sobre noticias económicas en los periódicos en los que trabajó), el tipo ya dedujo que el método científico no era necesario para estudiar Economía.

Olé ahí sus huevos.

Sus sucesores (Von Mises, Rothbard, Hayek) es que, directamente y ya sobre la base de esa conclusión, le negaron validez al método científico.

Ahí, sin anestesia.

Los sucesivos autores “austríacos” se fueron radicalizando más y más conforme se sucedían las generaciones y se creyeron con la suficiente fuerza, validez y prestigio como para llegar a decir la tremenda salvajada de que habían logrado desarrollar un método alternativo al método científico como estudio de la Economía.

Lo llamaron “praxeología”. Ya trataremos más adelante de qué va eso de la “praxeología”… que es para mear y no echar gota. Con lo que ya he escrito hasta ahora os podéis ir haciendo una idea de lo que puede ser esa “alternativa al método científico”. Agarraos.

Y lo que se les “olvida” a los “austríacos” es que:

Primero, el descubrimiento de Menger tiene el mérito justito, justito. Porque el concepto de utilidad marginal es un concepto simplísimo. No es muy difícil de averiguar. No descubrió la pólvora, vaya.

Segundo, que ya lo conocíamos de antes aunque fuera de manera intuitiva.

Tercero, que OTROS lo descubrieron de manera lógica, seria, Y SIGUIENDO EL MÉTODO CIENTÍFICO.

Es decir, eso de que el método científico no vale para el estudio de la Economía porque Menger fue capaz de hacer descubrimientos sobre ésta, con su “método particular de observación directa del comportamiento humano” es, cuando menos, rotundamente falso, en el sentido en que ese descubrimiento lo realizaron otros también… justo mediante la utilización del método científico.

Es tan absurdo que no sé cómo tienen la poca vergüenza de afirmar semejante barbaridad.

El que alguien acierte prácticamente por casualidad en un descubrimiento “facilito” no es justificante para despreciar o negar validez al método científico. Y menos cuando el método científico también explica y/o descubre “ese mismo descubrimiento” (y de mejores y más eficaces maneras).

.

Obviamente, ya a partir de ahí, vienen en cascada todas las explicaciones acerca de la “metodología austríaca” y por qué sus partidarios no utilizan el método científico.

Ahí tenéis la base para explicar por qué reniegan del método científico y por qué no utilizan las Matemáticas; por qué utilizan el “opinionismo” y “la observación directa” como “métodos de estudio”; por qué anteponen el individualismo metodológico al estudio histórico de la evolución del comportamiento humano (estudio de la experiencia previa) como hacían los alemanes… Viéndose cercados en su “opinionismo” por las corrientes científicas de pensamiento, los “austríacos” acaban por anteponer la creencia al hecho, al individuo ante la comunidad… lo que incluye que ellos creen en la superioridad de la creencia del individuo por encima de la creencia de la sociedad… y de las creencias de los demás individuos, claro. Más tarde, eso se radicaliza aún más en varios autores para afirmar también la superioridad de la creencia del individuo… sobre la realidad.

A eso se le llama “el elitismo del libertariano (o libertario)”. “Libertarianos” (o “libertarios”) son los miembros de la rama política ultraliberal de la escuela de Austria, se llaman así mismos de esa manera para hacer ver su creencia en la libertad del individuo (y su opinión) por encima de todas las cosas.

Lo que incluye la realidad fisica, vaya.

Joder…

.

Bueno, espero con este artículo no sólo haber desmontado una de las pocas (yo creo que la única) fuente de supuesto “prestigio” de la escuela austríaca, sino haberos enseñado una muy útil lección sobre la importancia de utilizar el método científico… y de hacer las cosas bien ya desde primera hora.

Porque si no, lo vamos a lamentar después.

Si se hubieran hecho bien las cosas desde el primer momento (utilizar el método científico en Economía), quizás ahora no estaríamos sufriendo las terribles consecuencias o algunas de ellas, como la inmensa crisis económica que nos azota, que deviene del empleo de políticas ultraliberales como las de la escuela austríaca… que provienen a su vez de lo que a un “friki” del siglo XIX al que no le salió de los cojones utilizar el método científico sino el “opinionismo” se le pasó por la cabeza en su momento.

De la misma forma que otras “teorías” decimonónicas como la frenopatía o el espiritismo fueron abandonadas hace años como las patrañas pseudocientíficas y perjudiciales que son…

Señores… hagamos lo mismo con la doctrina de la escuela austríaca.

Ya es hora de abandonar la “brujería en Economía”.

ELECCIÓN DE TEXTOS DEL AUTOR:

José María Gallardo

En chemazdamundi.wordpress.com

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